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Los huesos muestran una vida dura: hambre, enfermedades, consumo de drogas como opio y cocaína. También dejan pistas de la dieta, el entorno y hasta de prácticas médicas poco conocidas.
Los huesos revelan vidas cortas, llenas de enfermedades, con huellas de sífilis, tuberculosis, desnutrición infantil y hasta consumo de plantas silvestres como la cola de caballo, que se comía en épocas de hambruna. "Las fuentes hablaban de mujeres que morían con la boca verde de tanto comer pasto. Bueno, ahora encontramos el pasto", dice el bioarqueólogo Mirko Mattia.
Esta megainvestigación no sólo saca a la luz el lado B del Renacimiento, sino que hasta permite reconstruir caras y peinados de los fallecidos. Gracias al trabajo de los laboratorios forenses de la Universidad de Milán, algunos de estos anónimos ya tienen rostro. "Los cuerpos cuentan verdades que los libros no", concluye Cristina Cattaneo, cabeza del proyecto. ¿Te imaginás lo que dirían si supieran que hoy, siglos después, están haciendo historia?
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Gracias a tejidos momificados, se reconstruyeron rostros, peinados y rasgos físicos. Por ejemplo, el cráneo de esta mujer, que presenta marcas de sífilis, permitió deducir su apariencia en vida.
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