Lágrimas.
Vi Belfast. Es una pelea fratricida. Es una guerra interior. Es terrorismo. Es invasión. Es blanco y negro y detengámonos. Irlanda del Norte. Estamos en el 1960, para redondear. En esa década estamos. Los que estuvimos sabemos de qué se habla cuando se menciona el comienzo del ’60. Ya una película anterior, en blanco y negro, donde trabajó la hija de Buddy Bejo, aquel del Centro de Cine en Rosario en aquellos años, estuvo para los premios en yankilandia (El artista) y esta de Branagh también. Yo elegiría a la veterana Judi Dench.
belfast-kenneth-branagh.jpg
A fines de la década del '60, Irlanda del Norte vivía la convulsionada inestabilidad política que signó su historia durante el siglo XX y es donde Kenneth Branagh pasó su infancia, contada en «Belfast», donde asume el guion y la dirección.
El blanco y negro obliga a mirar el cine como un arte y no como una exaltación del brillo y la pompa. Digresión: hay algunas tomas en el comienzo de “Morir en Madrid” que detendría la peli, robaría ese “cuadrito”, cada fotograma una mirada que conmueve. Eso es el blanco y negro.
Por detrás la pobreza y esa esperanza inusitada que estaba en “La vida es bella” en “Cinema Paradiso”, que en Belfast está en el homenaje que hace al cine yanki de vaqueros con escenas inatajables que deben verse y vayan a verlas porque son parte del mensaje de Branagh.
Se que hay muchos que esperaban que atacase a unos o a otros de los terroristas y asesinos en el Ulster. No hace falta. Cuando la cámara toma a Judi Dench y sus frases lloro y estoy solo en el cine en este carnaval y me digo caramba, si lloro así por algo que no es mío qué cosa propia se mete en ésa película y me contesto que se sabe… eso es el arte.
Asombro, preguntas, la emoción que se escapa. Así se ha ido este carnaval. Ojalá vuelva pronto para quitarle razón al poeta brasilero: la tristeza no tiene fin.