La serie ya había armado repercusión antes de su estreno, lógico cuando se trata de una figura que convirtió la polémica en una herramienta de supervivencia mediática. Pero el verdadero cambio de registro aparece en el capítulo 6, "No hablen de mí", cuando la historia se mete con una experiencia de su infancia. Ahí ya no hay tanta frase ingeniosa ni tanto glamour. Hay una nena tratando de entender algo que, por su edad, no tenía por qué poder comprender.
El estremecedor relato de Moria que Netflix llevó a la pantalla
En el sexto episodio, Moria reconstruye una experiencia de su infancia que ya había contado públicamente, pero que dentro de la serie toma otra dimensión porque aparece integrada a su propia historia y no como una declaración perdida en alguna entrevista.
Cuando tenía aproximadamente 8 o 9 años, Moria contó que sufrió abuso sexual por parte de su abuelo materno. Según su relato, los hechos empezaron durante su infancia y se prolongaron durante un tiempo. El hombre se había mudado a la casa familiar después de llegar desde La Pampa y el abuso ocurría bajo la apariencia de un entretenimiento cotidiano.
En la serie, la voz de Moria describe aquella situación desde la perspectiva de la niña que era entonces y aparecen preguntas que resultan fuertes justamente porque muestran la confusión propia de una menor frente a algo que no puede comprender: si aquello era normal, si les ocurría también a otras chicas o si había algo que simplemente estaba mal y ella todavía no podía identificar.
Una de las frases más impactantes del relato es: "Lo vivía con una mezcla de asco y placer". Es una frase que puede resultar incómoda, incluso desconcertante, pero que no debe interpretarse como consentimiento. Una respuesta física o una sensación corporal no convierte un abuso infantil en una decisión de la víctima ni desplaza la responsabilidad del adulto que ejerció la violencia.
Netflix reconstruye el abuso sufrido por Moria durante su infancia y muestra cómo procesó aquel trauma, recuperando además confesiones públicas y otros episodios relacionados con su pasado. Foto: Instagram
Moria también recordó que todo ocurría durante los juegos de cartas que compartía con su abuelo en las horas de la siesta. En otra oportunidad había explicado que no se lo contó a sus padres porque, desde la mirada de aquella niña, lo consideraba algo privado. No planteó ese silencio como una cuestión de miedo a que no le creyeran, sino como parte de la manera en que ella misma había interpretado lo ocurrido en ese momento.
Y hay otro aspecto particularmente fuerte: Moria dice que aprendió a "desdramatiza"” ese trauma y que no lo vivió posteriormente desde el odio hacia su abuelo, hacia los hombres o hacia las mujeres, ni quiso colocarse en el lugar de víctima. Esa es su manera personal de procesar lo sucedido y la serie la muestra sin tratar de acomodarla a una reacción emocional más convencional.
El episodio también recupera un recuerdo posterior de su adolescencia, cuando tenía alrededor de 15 o 16 años, que Moria relacionó con aquella experiencia. Según contó, mientras estudiaba geografía sufrió un ataque súbito, salió a la calle y terminó yéndose con un hombre desconocido en un coche destartalado hasta un hotel. "Me daba asco. Fuimos a un hotel y después le pedí plata. Me encantó hacerlo, me encantó estar con él y después me dio el mismo asco (que me daba con mi abuelo). Supongo que quise volver a procesar eso", sentenció.
El relato puede resultar brutal, pero ahí está justamente el valor de la escena: no intenta hacer de una experiencia traumática una historia prolija para el espectador. Muestra contradicciones, recuerdos difíciles de ordenar y una mujer que muchos conocen por su personaje público, pero que también fue una niña que vivió una situación de violencia dentro de su propia familia.
La artista ya había hablado del abuso en su autobiografía MeMoria y posteriormente volvió sobre el tema en entrevistas posteriores, aunque nunca dejó de tratarse de uno de los aspectos más privados y dolorosos de su historia.
De hecho, uno de esos momentos ocurrió recientemente en la mesa de Mirtha Legrand que, según recordó Moria, impactó en la conductora aquella confesión: "Se quedó con la mandíbula por el piso".
El episodio también se conecta con otro momento traumático de su vida: la violencia de género que sufrió durante una de sus primeras relaciones. La serie recrea esa etapa y utiliza un nombre de fantasía para el hombre involucrado, algo relacionado con una antigua disputa judicial después de que Moria hablara públicamente sobre aquella relación.
Moria, además, fue una de las figuras del espectáculo que habló públicamente sobre violencia de género cuando el tema todavía era tabú en buena parte de los medios. En ese sentido, la serie repasa no solamente los escándalos o las frases que construyeron al personaje: también muestra cuánto de esa personalidad pasó por experiencias que le pasaron mucho antes de que existiera la Moria que todos conocemos.
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