Y es acá donde empiezan a aparecer las primeras contradicciones que no le facilitan las cosas al hijo de Hugo Moyano. Candela primero habría referido ante la Policía que había sido agredida y encerrada, pero después, en el hospital, ya más lúcida, cambió su relato y aseguró: "No me pegó, no me hizo nada. Fue todo producto del consumo de estupefacientes".
La joven habló incluso de un "brote psicótico", explicó que no recordaba buena parte de lo sucedido y manifestó que quería recuperar la relación con Moyano. También pidió que se levantaran las restricciones porque, según su planteo, todo había sido consecuencia de una situación que ella misma provocó al consumir.
Moyano, por su parte, salió públicamente a dar su versión los días posteriores y negó haber consumido drogas, aseguró que Candela había sufrido un paro cardíaco dentro del departamento y afirmó que él le practicó RCP antes de avisar al portero. También rechazó haberla perseguido y sostuvo que, según su versión, ella bajó primero por el ascensor y él salió unos cinco minutos después.
Incluso llegó a asegurar que "estuve detenido porque es Facundo Moyano", una frase con la que trata de victimizarse pero que no resuelve el problema central: la causa no cerró y la Justicia todavía tiene que determinar qué ocurrió aquella madrugada.
El informe que vuelve a complicar a Facundo Moyano
El dato que más preocupa a la defensa es el informe elaborado por el Equipo de Intervención Domiciliaria (EDID) del Ministerio Público Fiscal, conocido el 12 de agosto. El documento no establece que Moyano sea culpable ni demuestra por sí mismo que haya existido violencia de género. Pero sí incorpora un elemento que puede perjudicar su estrategia: la existencia de una asimetría de poder entre ambos.
El informe toma en cuenta la diferencia de edad (Moyano tiene 41 años y Candela 23), el género y, especialmente, la posición social, económica y política del dirigente, además de su exposición pública como sindicalista e hijo de Hugo Moyano.
También señala algunos factores de vulnerabilidad de Candela vinculados con el consumo de sustancias, su estado de somnolencia y desorientación y la enorme exposición que tuvo inmediatamente después del episodio. En otras palabras, el informe le permite a la Fiscalía sostener la pregunta de si la retractación posterior de la joven alcanza, por sí sola, para descartar todo lo ocurrido. Porque la respuesta judicial, al menos por ahora, parece ser que no.
Eso explica por qué el expediente sigue avanzando aunque Candela diga que no fue víctima de violencia y quiera volver con Moyano.
Después están las cámaras de seguridad, que seguramente sean el elemento más concreto del expediente. En la secuencia que muestran, donde se ve a Candela en situación de extrema vulnerabilidad y a Moyano sujetándola, ahí la defensa puede explicar que estaba intentando ayudarla o impedir que se lastimara. Pero la Fiscalía tiene otra obligación: determinar si esa intervención fue asistencia o si, por el contrario, constituyó un ejercicio de control físico sobre una persona que intentaba alejarse.
Y tampoco ayuda demasiado la primera declaración de Candela. Si efectivamente en el momento inicial dijo que había sido agredida y encerrada y luego modificó su relato, los investigadores tienen dos versiones incompatibles que deberán ser contrastadas con el resto de la evidencia.
Otro punto que llama la atención es la negativa de Moyano a realizarse análisis de sangre y orina. El dirigente explicó que tomó esa decisión por recomendación de sus abogados. Es cierto que la negativa no demuestra que haya consumido, y sería incorrecto presentarla como una prueba de consumo, pero si se está discutiendo el estado de ambos durante aquella madrugada, tampoco es un dato que permita despejar las dudas.
Y ahora se viene una etapa particularmente importante: 14 testigos empezaron a ser citados desde este jueves 13 de agosto. Entre ellos hay personal de seguridad del edificio, vecinos vinculados al llamado al 911, policías, médicos del Hospital Pirovano, una empleada doméstica y una amiga de Candela. Si alguno de estos testigos confirma haber escuchado gritos, observado signos de violencia o advertido una situación que contradiga alguna de las versiones posteriores, Moyano podría quedar verdaderamente complicado.
Hasta ahora, no existen pruebas contundentes de una golpiza grave o una demostración definitiva de que Candela haya permanecido encerrada durante un período prolongado. Pero tampoco alcanza con explicar que "no pasó nada" porque Candela se retractó.
Por ahora, Moyano puede repetir todo lo que quiera que fue detenido por su apellido. El problema es que la causa no se define por ser un Moyano, ni por su propia versión, ni por lo que él o Candela quieran que ocurra. Se define por las pruebas, las cuales (al menos hasta este jueves) no le juegan mucho a favor.
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