En Guardamar, esa diferencia se refleja en la distribución del servicio de socorrismo. Según explicó el alcalde, el municipio mantiene la vigilancia hasta el 31 de octubre en las playas Centro y Roqueta, pero Els Vivers queda fuera de ese dispositivo. Se trata de un arenal natural situado a unos dos kilómetros del centro urbano, donde las corrientes se intensifican con el mar de fondo. La continuidad del baño durante el otoño convive así con una asistencia que ya no está disponible en todos los puntos del litoral.
Precisamente ante situaciones de peligro, la federación recomienda alertar a los socorristas o llamar al 112, y desaconseja entrar al agua para intentar un rescate sin formación ni medios adecuados. La urgencia de ayudar puede exponer a otra persona a las mismas condiciones que impiden regresar a la orilla, por lo que la prevención también exige comprobar la señalización y las características del lugar antes de bañarse.
Las personas mayores concentran las víctimas, aunque el riesgo alcanza a todas las edades
Aunque la tragedia de Guardamar involucra a dos jóvenes de 25 años, el perfil que predomina en los registros españoles es otro. Según la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS), entre enero y agosto el grupo con más fallecimientos fue el de 65 a 74 años, con 68 víctimas, seguido por las personas de 75 años o más, con 66. Ambas franjas sumaron 134 muertes, algo más de un tercio del total, mientras que entre los 18 y los 25 años se contabilizaron 38. Esa distribución amplía el foco sobre un problema que afecta tanto a quienes comienzan a desenvolverse en el agua como a quienes llevan décadas bañándose.
En las edades más avanzadas, la vulnerabilidad puede estar relacionada con limitaciones de movilidad, una menor capacidad física y enfermedades previas, factores que la Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica entre los riesgos que requieren atención específica. Por eso, la experiencia acumulada no basta para evaluar la seguridad de un baño: también cuentan las condiciones físicas del momento y las características del entorno. La prevención debe contemplar esa combinación, especialmente cuando una persona necesita asistencia para entrar o salir del agua.
Guardamar mantiene el socorrismo hasta el 31 de octubre en Centro y Roqueta, pero Els Vivers, donde murió la pareja, queda fuera del servicio.
FOTO: IA
En el otro extremo, el balance nacional alcanzó 34 menores fallecidos durante los primeros ocho meses del año, once de ellos niños de hasta tres años. Para los más pequeños, la OMS advierte que el peligro aumenta cuando acceden al agua sin supervisión activa, porque todavía tienen una capacidad limitada para reconocer situaciones de riesgo y carecen de habilidades suficientes de seguridad acuática. Esa necesidad de acompañamiento explica por qué la vigilancia debe mantenerse incluso en espacios familiares, donde la proximidad de los adultos puede generar una sensación de protección que exige atención constante.
La diferencia también resulta marcada por sexo, con 299 hombres y 90 mujeres entre las víctimas registradas en España hasta agosto. A escala mundial, la OMS relaciona la mayor mortalidad masculina con una combinación de exposición al agua y conductas de riesgo, como nadar en solitario o consumir alcohol antes del baño. Son factores generales que ayudan a orientar las campañas de prevención, aunque no permiten atribuir esas circunstancias a los jóvenes fallecidos en Alicante ni sustituir la investigación sobre lo ocurrido.
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