La intervención dejó, además, consecuencias que exceden los desperfectos del edificio. Los psicólogos del SUMMA asistieron a la dueña de los animales por una crisis de ansiedad, mientras el perro que consiguió sobrevivir quedó bajo atención veterinaria. La mujer tuvo que recibir ayuda después de perder a tres de sus mascotas, pese a los esfuerzos de los sanitarios que acudieron al lugar.
Para los residentes, entretanto, sigue pendiente conocer el alcance de los daños y las condiciones para volver a sus casas. Las informaciones publicadas hasta el momento no detallan cuántas viviendas quedaron inhabitables ni ofrecen un plazo de regreso, de modo que el control de las llamas todavía no permite dar por resuelta la situación del bloque. La evaluación del inmueble y el esclarecimiento del origen del siniestro serán necesarios para completar un balance que, por ahora, continúa siendo provisional.
Las fugas de gas también dejan víctimas dentro de las viviendas
Las explosiones provocaron 15 muertes en España durante 2024, cuatro de ellas vinculadas a fugas de gas en viviendas, según el estudio de Fundación MAPFRE y la Asociación Profesional de Técnicos de Bomberos (APTB). A esos casos se suman, en una categoría diferente, seis fallecidos por el mal funcionamiento de aparatos productores de calor y calderas, sin que el informe atribuya necesariamente esos episodios al gas. El balance sitúa las deflagraciones en el 6,4% de las 234 muertes registradas por incendios y explosiones ese año, con la misma cantidad de víctimas que en 2023. Se trata de un recuento de fallecidos, por lo que esas cifras no representan el número total de accidentes ocurridos.
Dentro de ese registro, las fugas domésticas conviven con explosiones de naturaleza muy distinta, desde accidentes industriales hasta la acumulación de gases procedentes de residuos agrícolas. Esa diversidad permite dimensionar las consecuencias de estos episodios, pero exige identificar el origen de cada uno antes de relacionarlos. En Valdemoro, la causa continúa bajo investigación, aunque El Mundo apunta al gas en su información sobre el siniestro.
Cuando al estallido le sigue un incendio, el peligro se prolonga a través del humo: la intoxicación por humo o gases tóxicos causó el 69,3% de los fallecimientos del conjunto de siniestros analizados en 2024, por encima de las quemaduras, que representaron el 23,5%. Ese peso en las estadísticas explica la importancia de advertir el fuego desde sus primeras fases, especialmente durante la noche, cuando los ocupantes pueden tardar en detectar lo que ocurre.
De ahí que los especialistas insistan tanto en revisar las instalaciones como en incorporar detectores de humo en los hogares. Son estos dispositivos los que resaltan entre las medidas más eficaces para alertar a tiempo, junto con evitar sobrecargas eléctricas y mantener los aparatos que generan calor alejados de materiales combustibles. La prevención alcanza así tanto al riesgo de que se origine un siniestro como a la posibilidad de reconocerlo antes de que sus consecuencias se extiendan por la vivienda.
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