Pedro Sánchez gana en las encuestas del CIS, pero otros sondeos dan ventaja a PP y Vox

El CIS da al PSOE 11,8 puntos de ventaja sobre el PP. Otros sondeos proyectan una mayoría de derechas y expertos cuestionan la muestra del organismo.

Pedro Sánchez aparece como favorito en las encuestas del CIS, pero otros sondeos dibujan una mayoría de PP y Vox capaz de desplazarlo del Gobierno. La distancia entre ambos escenarios desató una disputa que excede las declaraciones de campaña y alcanza a los métodos con los que se mide el voto de los españoles.

Las elecciones generales del 29 de noviembre, convocadas tras el estallido social por la vivienda y el rechazo parlamentario a los decretos del Gobierno, pondrán a prueba la continuidad del Ejecutivo de PSOE y Sumar. La caída de las medidas trasladó al tablero electoral una disputa que había ganado las principales plazas del país y que ahora cada bloque busca convertir en respaldo político. La emergencia habitacional, la economía y la inmigración atraviesan una precampaña de fuerte confrontación, con acusaciones cruzadas y mensajes que apelan al temor de lo que supondría una victoria del adversario. Así la batalla mediática cobra intensidad a poco más de un mes de las urnas, mientras Sánchez y Alberto Núñez Feijóo intentan construir una mayoría que dependerá tanto de sus escaños como de los acuerdos necesarios para conseguir la investidura.

En ese contexto, el primer barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) tras el desahucio de Maricarmen, publicado después de su fallecimiento, encendió la polémica. El organismo público, adscrito al Ministerio de la Presidencia, sitúa al PSOE en el 34% y al PP en el 22,2%, una ventaja socialista de 11,8 puntos, mientras atribuye a Vox un 17,1%. Los números amplían la distancia respecto de septiembre, con una subida de tres puntos para los socialistas y un retroceso de los populares. Sin embargo, las encuestadoras privadas ofrecen un panorama muy diferente, con proyecciones de 200 escaños para PP y Vox según IMOP, 205 según Sociométrica y 212 según Hamalgama, todas por encima de los 176 de la mayoría absoluta. La brecha entre esas fotografías electorales reabrió los cuestionamientos sobre la composición de la muestra del CIS y las correcciones que aplica, defendidas por el organismo frente a las objeciones de distintos especialistas.

Los sociólogos cuestionan la muestra y recuerdan el error de 2023

La principal objeción al CIS está en quiénes responden a sus entrevistas y cómo se corrigen los desequilibrios de esa muestra. El politólogo Pablo Simón explicó en la Cadena SER que una participación desigual puede inclinar los resultados si determinados electores rechazan responder con mayor frecuencia. Su hipótesis es que la desconfianza hacia el organismo podría estar alejando de las entrevistas a una parte de los votantes de derechas. Eso ayudaría a entender por qué una encuesta numerosa puede ofrecer una fotografía descompensada. Tener más respuestas reduce ciertos márgenes de incertidumbre, pero no garantiza que todos los electorados estén adecuadamente representados.

El cuestionamiento ganó repercusión mediática al contrastarse con el historial de sus pronósticos. Una revisión publicada por Borja Andrino en El País identifica una sobreestimación del voto de izquierdas en 43 de las 44 elecciones estudiadas desde la llegada de José Félix Tezanos a la presidencia del CIS, con una desviación media cercana a cinco puntos. El recuento incluye generales, autonómicas y europeas, y señala un patrón reiterado en la dirección del error. Eso no significa que el organismo haya atribuido equivocadamente la victoria al PSOE en todos esos comicios ni demuestra, por sí solo, una intención de manipular al electorado. Pero la persistencia de esas desviaciones erosiona su credibilidad y da fundamento a las dudas sobre la fiabilidad de sus estimaciones.

Las generales de 2023 ofrecen un ejemplo concreto de esa distancia entre el pronóstico y las urnas. La última encuesta “flash” del CIS situó al PSOE en el 32,2% y al PP en el 30,8%, por lo que anticipaba una victoria socialista por 1,4 puntos. Sin embargo, los resultados dieron el primer puesto al PP, con alrededor del 33% de los votos, mientras el PSOE obtuvo aproximadamente el 31,7%. El organismo quedó cerca del porcentaje socialista, pero subestimó el apoyo popular e invirtió el orden de los dos principales partidos. Que Sánchez consiguiera después la investidura mediante acuerdos parlamentarios no convierte en acertado aquel pronóstico sobre quién sería el más votado.

Frente a esas críticas, el CIS defendió la representatividad de sus muestras y aseguró que pondera el recuerdo de voto en sus estimaciones finales. La discusión pasa precisamente por determinar si esas correcciones alcanzan para compensar los desequilibrios que señalan los especialistas. Los antecedentes justifican examinar sus resultados con atención, aunque tampoco convierten las proyecciones privadas en certezas. Para evaluar cada encuesta importa conocer cuándo se hicieron las entrevistas, cómo se seleccionó a los participantes y qué tratamiento recibieron los indecisos. Esa información es indispensable para entender por qué los pronósticos divergen tanto y qué respaldo tiene cada escenario electoral.

La vivienda concentra el malestar y pone a prueba la apuesta de Sánchez

La vivienda es el asunto que más influirá en el voto para el 40% de los encuestados por Invymark para laSexta, por delante de la economía, con un 22,2%, y de la inmigración, con un 19,9%. El dato permite entender por qué el conflicto habitacional ocupa el centro de la precampaña. Después del desahucio de Maricarmen y del rechazo parlamentario a los decretos del Ejecutivo, Sánchez intenta convertir la demanda de protección residencial en un argumento para renovar su mayoría. Su desafío consiste en convencer a quienes padecen el problema de que su Gobierno puede ofrecer una respuesta, después de años en los que el acceso a una vivienda se volvió cada vez más difícil.

La importancia del asunto cambia considerablemente según el electorado. En ese mismo barómetro, la vivienda es la prioridad para el 63,3% de los votantes socialistas y el 82,3% de los de Sumar, mientras entre los seguidores de Vox predomina la inmigración y entre los del PP destaca la corrupción. Esa distribución ofrece al Gobierno un terreno para movilizar a su base y disputar el voto de una izquierda fragmentada. Pero también muestra los límites de esa estrategia. La centralidad de la emergencia habitacional entre sus simpatizantes no asegura que el mensaje alcance con la misma fuerza a quienes están indecisos o priorizan otros problemas.

El CIS aporta otra dimensión al debate al preguntar por las medidas concretas. Según los resultados recogidos por El Mundo, un 65% respalda impedir los desahucios de hogares vulnerables hasta 2030 y un 58,6% apoya prorrogar hasta dos años los contratos de alquiler que terminen antes de finalizar 2028. También reciben apoyo mayoritario las restricciones a los alquileres de temporada y por habitaciones, así como los incentivos fiscales para propietarios que reduzcan o congelen las rentas. Sin embargo, el respaldo pierde fuerza ante otras propuestas. Un 52% rechaza la prórroga automática que convertiría los alquileres en indefinidos, frente a un 43% favorable. Incluso dentro de ese barómetro, la demanda de intervención convive con diferencias sobre hasta dónde debería llegar.

Las llaves sonaron en la última marcha por la vivienda, un reclamo que ahora ocupa el centro de la disputa electoral en España.

El PSOE encuentra así apoyo para varias de sus propuestas, pero todavía debe transformarlo en confianza hacia su gestión. Un elector puede considerar necesaria una mayor protección frente a los desahucios y, al mismo tiempo, cuestionar que el Ejecutivo no haya resuelto antes la emergencia o desconfiar de la eficacia de sus medidas. Además, las objeciones sobre la muestra del CIS también deben tenerse presentes al interpretar estas respuestas. La vivienda ofrece al oficialismo una oportunidad de movilización, aunque su rendimiento electoral dependerá de quién consiga convencer de que puede mejorar la situación. Ahí aparece la distancia con los sondeos privados, que siguen proyectando una mayoría de PP y Vox pese al protagonismo del conflicto habitacional.

Los sondeos privados mantienen a PP y Vox por encima de la mayoría absoluta

La apuesta de Sánchez por la vivienda todavía no se traduce en una ventaja electoral en los sondeos privados. Las encuestas difieren en la magnitud del resultado, pero coinciden en proyectar una mayoría de PP y Vox en el Congreso. IMOP les atribuye 200 diputados, Sociométrica eleva la suma a 205 y Hamalgama la sitúa en 212. Son fotografías elaboradas por empresas distintas y con sus propios métodos, aunque comparten una conclusión política relevante. Si esos escenarios se cumplieran, ambas formaciones superarían con margen los 176 escaños de la mayoría absoluta y podrían facilitar una investidura sin recurrir a los socios parlamentarios del actual Gobierno.

Dentro de ese bloque, sin embargo, el crecimiento no se reparte de manera uniforme. IMOP proyecta 130 diputados para el PP y 70 para Vox, un resultado que dejaría a Feijóo por debajo de los 137 escaños obtenidos en 2023 y permitiría a Abascal más que duplicar sus 33 representantes. Sigma Dos dibuja una evolución similar en porcentaje de voto, con un 31,9% para los populares y un 19,1% para Vox. El escenario que describen esas encuestas combina, por tanto, una mayoría de derechas con un fortalecimiento del socio que Feijóo necesitaría para alcanzar la Presidencia. El PP encabezaría la alternativa, pero Vox podría disponer de mayor capacidad para negociar las condiciones de su apoyo.

Las diferencias entre encuestadoras también muestran que el alcance de esa posible mayoría sigue abierto. Target Point atribuye al PP entre 135 y 137 escaños y a Vox entre 64 y 66, mientras GESOP proyecta una mayoría conjunta por debajo de los 200 diputados. Esos matices importan porque determinan cuánto dependería cada partido del otro y qué margen tendrían para negociar. Superar juntos el umbral parlamentario permitiría construir una mayoría de investidura, pero no implica que exista un acuerdo cerrado ni obliga a formar un Gobierno de coalición. Las condiciones políticas de ese entendimiento tendrían que resolverse después de las elecciones.

Para Feijóo, esos números plantean una dificultad incluso dentro de un escenario favorable. Podría llegar a La Moncloa con un PP más débil y un Vox fortalecido, obligado a negociar con Abascal desde una dependencia mayor que la que hubiera querido. Además de los apoyos para la investidura, quedarían en discusión las prioridades legislativas y las condiciones para sostener al Ejecutivo durante la legislatura. La fuerza que los sondeos atribuyen a Vox permitiría a Abascal reclamar una influencia acorde con sus escaños y encarecer el respaldo que Feijóo necesitaría para gobernar.

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