"El agua cubre tres cuartos de la Tierra. Para bien o para mal, el que controle los océanos y lo que tienen debajo, controlará el mundo", comenta el analista. Acentúa, además, que no es tan lejano el momento en el que el cambio climático y los posibles desastres naturales de grandes dimensiones modifiquen considerablemente el medio ambiente, convirtiendo el acceso a las zonas de pesca y el uso de las plataformas continentales en objetos de una fuerte disputa.
La idea de una posible guerra entre USA y el gigante asiático es últimamente uno de los temas más comentados en medios estadounidenses y chinos. Los importantes ejercicios militares conjuntos que USA y Australia están realizando actualmente en el marco de un programa bienal han echado aún más leña al fuego, planteando la hipótesis de que la Administración Obama planea utilizar Australia como base principal de operaciones en caso de que estalle una guerra con China.
El hecho de que la Marina estadounidense solicitara a los fabricantes de misiles que diseñaran y construyeran un avión no tripulado para lanzar misiles antibuques subsónicos equivalentes a los de producción china tampoco pasó desapercibido para los analistas. La serie de maniobras navales que Pekín había realizado en abril y mayo también fueron interpretadas como una señal para USA, cuyo portaaviones nuclear USS Nimitz se encuentra ahora en las aguas del Mar de China Meridional.
Entretanto, los roces con Japón por las islas Senkaku parecen haber amainado y USA mantiene a su portaaviones en la zona. Otro frente en el que podrían enfrentarse USA y China es África, donde importantes yacimientos de petróleo se encuentran en zonas de conflicto como Sudán.
En los últimos años Beijing ha lanzado una serie de iniciativas orientadas a asegurar fuentes de materias primas a largo plazo en una de las regiones mejor dotadas del planeta – el continente africano. Ninguna materia prima tiene actualmente una prioridad mayor en Beijing que la garantía de fuentes de petróleo a largo plazo.
Se calcula que actualmente China recibe un 30% de su petróleo crudo de África. Eso explica una serie extraordinaria de iniciativas diplomáticas que han enfurecido a Washington. China utiliza créditos en dólares sin condiciones para lograr acceso a la vasta riqueza en materias primas de África, dejando al margen el típico juego de control de Washington a través del Banco Mundial y del FMI. ¿Quién necesita la dolorosa medicina del FMI si China ofrece condiciones fáciles y además construye carreteras y escuelas?
China cerró en 2007 un acuerdo petrolero, que vincula a la República Popular China con las dos mayores naciones del continente – Nigeria y Sudáfrica. La CNPC [siglas en inglés de la Corporación Nacional Petrolera China] obtiene petróleo en Nigeria, a través de un consorcio que también incluye a la South African Petroleum Co. Es un acuerdo de US$ 2.270 millones que da a la CNPC, controlada por el Estado, una participación de un 45% en un gran campo petrolífero off-shore en Nigeria. Previamente, Nigeria había sido considerada en Washington como una posesión de las principales petroleras anglo-estadounidenses, ExxonMobil, Shell y Chevron.
China se ha mostrado generosa en el otorgamiento de préstamos a tasas de interés reducido, sin intereses o concesiones directas a algunos de los países deudores más pobres de África. Los préstamos han sido destinados a la infraestructura, incluyendo carreteras, hospitales, y escuelas, en agudo contraste con la brutal austeridad de las exigencias del FMI y del Banco Mundial. En 2006 China asignó más de US$ 8.000 millones a Nigeria, Angola y Mozambique, en comparación con US$ 2.300 millones a toda África subsahariana del Banco Mundial. Ghana está negociando un préstamo chino para la electrificación de US$ 1.200 millones. A diferencia del Banco Mundial, un brazo de facto de la política económica externa de USA, China es hábil al no condicionar sus préstamos.
Esta diplomacia china relacionada con el petróleo ha llevado a la extraña acusación de Washington de que Beijing trata de “asegurarse de petróleo en las fuentes,” algo que ha caracterizado la política exterior de Washington desde hace por lo menos un siglo.
Ninguna fuente de petróleo ha estado últimamente más en la mira del conflicto petrolero China-USA que Sudán, donde se encuentra Darfur.