La actual Carta Magna chilena data de 1980 y, aunque fue modificada varias veces, es criticada por ser herencia del régimen militar de Augusto Pinochet y por consolidar un papel residual del Estado en la provisión de servicios básicos.
Así, en octubre de 2020 los chilenos aprobaron por una abrumadora mayoría (casi el 80%) cambiar esta Constitución. Y este fin de semana deberán elegir a los 155 representantes de la Convención Constituyente que tiene la misión de escribir el nuevo texto.
La clave, dicen los académicos, estará en el rol que se le asignará al Estado en la nueva Constitución. Actualmente, este tiene un rol "subsidiario" y se apunta a que tenga uno más protagónico en lo social, garantizando derechos como la salud o la educación.
La asamblea contará con 9 meses para presentar un nuevo texto constitucional, pudiendo ser ampliado por 3 meses más en una sola oportunidad. Luego, a mediados de 2022, los chilenos se someterán a un nuevo plebiscito de salida para aprobar o rechazar el nuevo texto constitucional propuesto.
En Santiago, las calles y centros de votación experimentaron una baja de la afluencia importante con respecto a otras elecciones, pero hay que destacar que es la primera vez que unos comicios se realizan en dos días, por lo que no se puede comparar con citas electorales anteriores.
Los chilenos y chilenas no se volcaron como se esperaba a las urnas, por lo que tanto el oficialismo como la oposición esperan una mayor asistencia para mañana.
No pareció pesar la importancia de los cargos en juego: 155 convencionales constituyentes, 16 gobernadores regionales, 345 alcaldes y 2.240 concejales.
Además de las elecciones de constituyentes, Chile también votará por alcaldes y concejales para las 346 comunas (municipalidades) que integran el país y, por primera vez desde el retorno a la democracia, los ciudadanos elegirán a gobernadores para sus 16 regiones.