El plebiscito se celebró en medio de una primera ola de coronavirus todavía activa, por lo que se debieron implementar una serie de estrictos protocolos sanitarios en los más de 2.000 centros de voto disponibles. De todos modos, la pandemia no mermó la concurrencia, sino que ocurrió todo lo contrario.
“Va a ser el proceso de participación más grande desde el 2012 cuando se estableció el voto voluntario, me da la impresión, viendo el compromiso, la constitución de las mesas, la afluencia de electores, nos da la impresión que vamos a superar la votación más alta de los últimos 8 años que fue la que eligió al presidente Piñera con el 49,2%” sostuvo el presidente del Servicio Electoral chileno (SERVEL), Patricio Santamaría cerca de las 20 horas.
Para tener una comparación, en la última elección presidencial, en 2017, había un padrón de 14 millones 308 mil personas. Y votó un 46,6% (6 millones 674 mil personas). Y en la segunda vuelta votaron poco más de 7 millones, un 49% del padrón. El padrón para este año, en tanto, es de 14 millones 855 mil y se espera que la cifra de votantes supere largamente los ocho millones.
No se descarta tampoco que sea la votación más concurrida de la historia. Las imágenes de largas filas afuera de los centros de votación que se podían ver a lo largo de esta tarde alimentan esa percepción.
Además de votar por la reforma, los ciudadanos chilenos deberán decidir por el mecanismo en la que será redactada la nueva constitución: si lo hará una convención constitucional compuesta por 155 ciudadanos especialmente elegidos para ese fin o una convención mixta de 172 miembros, integrada en partes iguales por parlamentarios (50% y 50%). Hasta las 22 horas, la convención constitucional recibía - con más de la mitad de las mesas escrutadas- un 79% de los votos.
Así las cosas, Chile se encamina en dejar atrás la Constitución redactada durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y considerada por muchos como el origen de las grandes desigualdades del país.
"Hoy hemos demostrado nuevamente la naturaleza democrática, participativa y pacífica del espíritu de los chilenos y del alma de las naciones honrando nuestra tradición de república", señaló hace instantes el presidente Sebastián Piñera.
“Hasta ahora la Constitución nos ha dividido. A partir de hoy, todos debemos colaborar para que la nueva Constitución sea el gran marco de unidad, de estabilidad y de futuro”, dijo el mandatario.
Más allá de la aprobación de la reforma, el proceso hacia la nueva Carta Magna demorará cerca de dos años y concluirá con un nuevo plebiscito ratificatorio.
El estallido de 2019, el impulso que necesitaba
La reforma de la Carta Magna se constituyó como la principal demanda de la sociedad chilena tras los estallidos sociales de fines de 2019, que lamentablemente terminarían desencadenando en episodios de violencia que concluyeron con la muerte de más de 30 personas y 2.250 querellas de violación de los derechos humanos
Su realización fue convocada en la madrugada del 1 de noviembre por las principales fuerzas que se vieron acorraladas ante la presión popular ejercida por las masivas movilizaciones.
Fue programado originalmente para el 26 de abril pero la irrupción de la pandemia de coronavirus obligó a su postergación y la necesidad de elaborar un estricto protocolo sanitario, con un horario específico para mayores de 60 años y el uso obligatorio de barbijo.
Las personas contagiadas con coronavirus no pudieron participar en el proceso debido a que no se pudieron implementar las medidas que les hubieran permitido votar sin romper la cuarentena. Aún así, se espera que sea la votación más concurrida en al menos ocho años, cuando se estableció el voto voluntario.