La relación entre ambas partes está dañada desde un principio, antes de que Fernández sea electo. Por supuesto esto continuó con la ausencia de Bolsonaro en la asunción presidencial del argentino y el encuentro fallido del anterior 01/03 cuando Fernández se vio obligado a perderse la asunción del nuevo presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, donde supuestamente tenía que tener el primer encuentro con Bolsonaro. A esto también se le suma el hecho de que Daniel Scioli, quien había sido elegido para ser embajador del país vecino, todavía no fue designado oficialmente y no está en funciones: otro obstáculo para reconstruir relaciones.
Sin embargo, existen problemáticas detrás de la diplomacia y las ideologías, entre ellas: la estabilidad del Mercosur, cuyos principales actores son Brasil y Argentina, y en consecuencia el acuerdo con la Unión Europea. Este último por supuesto está frenado desde que ambos países latinoamericanos y Europa tienen asuntos más urgentes que resolver, como la crisis económica y el restablecimiento de acuerdos con el Reino Unido post Brexit, respectivamente. Esto no quiere decir que el proyecto haya sido dejado de lado, ya que las empresas de la región están atentas a cualquier cambio.
Es así que el encuentro entre Massa y Bolsonaro es un pequeño adelanto de esa distensión que necesitaban las entidades privadas y mismo la Unión Europea para confirmar que cada uno de los actores este comprometido en lo que acordó Mauricio Macri en el último G-20.
Sin embargo, a la situación de tensión que atraviesan ambas naciones, se le suma la crisis económica en la que están hundidos, potenciada ahora por el Coronavirus y el impacto que la epidemia está teniendo sobre la economía china y en consecuencia a nivel global, sobretodo en Brasil que es uno de los principales socios comerciales.