"Es importante aclarar que una suspensión no significa necesariamente que el producto investigado no sea de calidad, seguridad o eficacia", enfatiza la agencia en el comunicado.
Además, añade que "la suspensión y reanudación de estudios clínicos son eventos comunes en la investigación clínica" y "todos los estudios dirigidos a registrar medicamentos autorizados en el país son evaluados previamente por Anvisa con el fin de preservar la seguridad de los voluntarios del estudio".
En realidad, aunque la agencia no lo recuerde, la muerte anunciada el pasado 9 de noviembre quedó claro que fue producto de un suicidio.
A comienzos de semana Anvisa comunicó que la decisión respondía a un "evento adverso grave", del cual no brindó mayores detalles, ni en ese momento ni en este último comunicado, aunque sí dijo que se consideró:
"La gravedad del evento, la precariedad de los datos enviados por el patrocinador (Butantan) en ese momento, la necesidad de proteger a los voluntarios de la investigación y la ausencia de dictamen del Comité Independiente de Seguimiento de la Seguridad".
Aunque Anvisa no explicó cuál era ese "evento adverso grave", se conoció que uno de los voluntarios del ensayo, de 33 años, falleció. Sin embargo, Dimas Covas, director de Butantan, dijo que esa muerte "no está relacionada con la vacuna". Argumento que no no necesito demostrar.
Esta información fue reiterada por la Sinovac Biotech y por el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Wang Wenbin.
Tras conocerse la suspensión de los ensayos, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, celebró la noticia y lo dejó en evidencia con un comentario que publicó en una red social.
"Muerte, invalidez, anomalía; esta es la vacuna con la que Doria (gobernador de Sao Paulo, Joao Doria) quería vacunar a todos los paulistanos, obligándolos". El Presidente dijo que "la vacuna jamás podría ser obligatoria".
Queda por saber que dirá el mandatario tras conocerse que las pruebas continuarán y que la muerte del voluntario no fue producto del medicamento.