Grupos como los drusos y los cristianos en la región han experimentado la influencia del nacionalismo en su búsqueda de protección y reconocimiento. A menudo, estos grupos han tenido que navegar entre diferentes identidades nacionales y religiosas para asegurar su supervivencia y derechos en un entorno hostil.
Los drusos, entre nacionalismo e identidad
La secta de los drusos emergió del islam chií en el siglo XI, estableciendo su reino en las montañas y maniobrando estratégicamente entre poderes para asegurar su supervivencia. Aunque a menudo olvidados, son actores clave en las dinámicas políticas de la región. En 1021, tras la misteriosa desaparición del califa Al Hakim en El Cairo, se gestó la fe drusa, influenciada por Muhammad bin Ismail al Darazi y desarrollada por Hamza ibn Ali.
Este último convenció a Al Hakim de su divinidad, lo que provocó una rebelión entre los creyentes, resultando en la persecución de los drusos que se refugiaron en Líbano y Siria, donde se convirtieron en fuerza militar durante las cruzadas.Con la fragmentación del Imperio otomano, los drusos se adaptaron a nuevos contextos políticos, manteniendo una fuerte identidad comunitaria a través de fronteras.
En Siria, jugaron un papel clave en el nacionalismo contra el colonialismo francés y apoyaron al régimen baazista. En Israel, se alinearon con el Estado judío, aunque enfrentaron discriminación. La guerra civil siria alteró sus relaciones; mientras la mayoría se mantuvo leal a Al Assad, algunos comenzaron a criticar el régimen. En el Golán, los drusos han buscado fortalecer lazos con sus contrapartes sirias, evidenciando un complejo equilibrio en su identidad y política en un entorno conflictivo.
Diplomacia de minorías
Relaciones con los chiítas: Los drusos, aunque originados del islam chií, son considerados una secta distinta. En algunos contextos, han mantenido lazos con chiítas, especialmente en Siria, donde comparten intereses políticos y de seguridad, particularmente bajo el régimen de Bashar al Assad.
Interacción con los sunitas: La relación de los drusos con los sunnitas ha sido más tensa, especialmente durante períodos de conflicto sectario. Sin embargo, en ocasiones, han colaborado con fuerzas sunnitas contra enemigos comunes, como durante las cruzadas o en la lucha contra el Estado Islámico.
Convivencia con cristianos: En el Líbano, donde los drusos son una de las principales comunidades, han cohabitado con cristianos maronitas y ortodoxos. A pesar de tensiones históricas, han formado alianzas en momentos de crisis política, destacando una coexistencia a menudo pragmática.
Relaciones con los kurdos: En Siria, los drusos y los kurdos han tenido interacciones tanto de cooperación como de conflicto. Ambos grupos han buscado autonomía y reconocimiento, lo que a veces ha llevado a la formación de alianzas, especialmente en la lucha contra fuerzas extremistas.
Identidad y resistencia: Como minoría, los drusos han enfrentado persecuciones y violencia, lo que ha fomentado un fuerte sentido de identidad y solidaridad con otras minorías que comparten un estatus similar. Esto ha llevado a la creación de redes de apoyo y colaboración en momentos de crisis.
Así, el nacionalismo ha sido un motor que ha reforzado las identidades culturales y políticas, al tiempo que ha generado tensiones entre diferentes grupos, contribuyendo a la complejidad del paisaje social y político en Oriente Próximo.
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