Recordemos también que desde la llegada del coronavirus a Estados Unidos, y como parte de su esfuerzo por contener la crisis, además de ofrecer billones de US$ en un amplio respaldo a los mercados financieros, la Fed ha estado colaborando con el Tesoro en programas para comprar bonos corporativos y municipales, y también para ofrecer créditos a pequeñas y medianas empresas. Aunque esto no fue suficiente y se vio obligado a dejar de lado el Plan A y flexibilizar las políticas ante una recesión global.
Con las nuevas medidas la población norteamericana estará más dispuesto y le será más fácil consumir desde las cosas básicas entre indumentaria y alimentos de todos los días hasta invertir en una casa o un auto teniendo en cuenta que las tasas de interés van a rozar el negativo. En consecuencia esto generará muchos empleos de trabajo y oportunidad de inversión a las empresas privadas que se vieron afectadas por la pandemia, a medida que se reactivan las diferentes industrias en un mundo post COVID-19.
Al mismo tiempo, esta decisión sobre la cual viene presionando el presidente Donald Trump desde principios de su mandato, llega como anillo al dedo en la recta final de la campaña presidencial de cara a las elecciones de noviembre 2020. Esto teniendo en cuenta que desde un primer momento fue la solidez económica la gran seguridad del mandatario y empresario lo que dirigió a su administración. Hasta que una fuerza mayor y global lo obligó a dar marcha atrás con sus objetivos y arriesgar su campaña de reelección.