La relación entre las dos mujeres es más que interesante teniendo en cuenta que existen muchas imágenes de ambas riendo junto a Joe Biden y Barack Obama. Casi que parece que sucediera fuera de Washington. "Las dos fuimos esposas de senadores, y la conexión fue instantánea. Cuando nos conocimos sabíamos que ibamos a ser amigas", explicó Jill en la misma entrevista.
Por otro lado, y de acuerdo a lo que explicaron fuentes oficiales de la campaña de Joe Biden, ahora que su esposo será presidente, Jill se comprometió a seguir involucrada en los trabajos que ya realizaba en tiempos de Obama: apoyar a las familias militares y combatir el cáncer, los problemas de inseguridad alimentaria creados por la pandemia, así como abordar el acceso desigual a la tecnología y la banda ancha para los estudiantes. Al mismo tiempo le aseguró al Sindicato de Maestros que los mismos tendrán un lugar en la mesa de conversaciones.
“Imagínense, imagínense a alguien que vive en la Casa Blanca, que ha estado donde estamos y comprende completamente nuestras necesidades y preocupaciones”, dijo Stephanie Ingram, maestra de cuarto grado y presidenta de la Asociación de Educación del Estado de Delaware. Esto teniendo en cuenta que Jill en ningún momento de la campaña de Joe Biden dejó da lado sus objetivos, tanto que en la Convención Nacional Demócrata 2020 ella hizo su discurso desde un aula.
A primera vista Jill nos remite a una mujer simple y muy inteligente. Una madre y esa típica señora que inmediatamente cuando llegas a su casa ofrece una tacita de té o café. Y por supuesto lo acompaña con alguna masita. Aunque al mismo tiempo es la típica profesora copada pero exigente. A su vez como esposa parece no dejarse pasar por encima ya que de acuerdo a lo que explicó en sus memorias, en la familia Biden las decisiones no se toman individualmente. La misma contó que marchó en el living de su casa con la palabra “No” escrita en su estómago mientras los líderes del partido intentaban que su esposo se postulara para presidente en 2003.