De acuerdo a la tradición china, cuando una persona muere, es enterrada sin mutilaciones y muy pocos chinos aceptan la extirpación de órganos, explica Deutsche Welle.
"Las sustracciones forzadas de órganos en China parecen estar dirigidas a miembros de minorías étnicas, lingüísticas o religiosas determinadas que se encuentran detenidos, muy a menudo sin que se les expliquen las razones de su arresto o sin una orden de tal", señalaron los expertos. Además, señalan que este asunto ya fue planteado con anterioridad a Beijing por otros expertos en derechos humanos de la ONU en 2006 y 2007, sin éxito.
"De acuerdo con las denuncias recibidas, los órganos extraídos con mayor frecuencia a los presos son corazones, riñones, hígados, córneas y, a veces, trozos de hígado. En esta forma de tráfico de carácter médico están presuntamente implicados profesionales del sector de la salud, incluidos cirujanos, anestesistas y otros especialistas médicos”, apuntaron.
Beijing siempre ha negado rotundamente estas acusaciones. Tras el comunicado del lunes, Liu Yuyin, portavoz de la misión china en Ginebra, acusó a los expertos de la ONU de "calumniar" a su país. "Beijing niega y rechaza categóricamente estas acusaciones", dijo. Además, aseguró que los expertos de la ONU "carecen de criterio y razonamiento rudimentarios" y que han caído en la "desiformación de fuerzas separatistas antichinas y del movimiento Falun-Gong".
“China es un país en el que impera la ley (...) El comercio de órganos humanos y el trasplante ilegal de órganos están estrictamente prohibidos por la ley”, aclaró Liu en su respuesta.
Por último, pidió a los expertos de la ONU que “corrijan inmediatamente sus errores, descarten la parcialidad contra China, dejen de calumniarla descaradamente... y actúen de forma imparcial y objetiva”.