Esta designación es una ciertamente celebrada por Trump, en un contexto en el que nadie puede asegurar su relección presidencial, que se dirimirá en apenas ocho días cuando enfrente en las urnas a Joe Biden: en los sondeos se mantiene por debajo de la línea del candidato del partido Demócrata.
La magistrada comenzará funciones en la Corte el próximo 2 de noviembre, un día antes de las elecciones presidenciales.
El ascenso de Coney Barret supone un fuerte impacto en el tratamiento de temas como el derecho al aborto, el derecho de los homosexuales a casarse y la legalidad de la reforma del sistema de salud propuesta bajo la presidencia de Barack Obama. La Corte Suprema deberá tratar justamente el próximo 10 de noviembre un recurso contra la ley emblemática del expresidente demócrata, sobre la cual la jueza ya dio su opinión en contra años atrás.
Su nominación no estuvo exenta de polémicas, ya que se produjo muy poco después de la muerte de Ginsburg, fallecida a mediados de septiembre, y a pesar de que esa jueza progresista dejó escrito que su “deseo más ferviente” era “no ser reemplazada hasta que haya un nuevo presidente” que surgiera de los comicios del 3 de noviembre.