Navarro, instó a los gobiernos del mundo a no usar el confinamiento como método para detener el coronavirus.
Además, señaló que este tipo de medidas pueden dejar un efecto negativo en la vida de las personas.
Incluso explicó, en este sentido que, los cierres "solo tienen una consecuencia que nunca hay que menospreciar y es hacer que la gente pobre sea mucho más pobre".
En la entrevista con la revista The Spectator reveló que el confinamiento debe ser una medida usada para "reorganizar, reagrupar y proteger a los trabajadores de la salud que están agotados".
"Nosotros, en la Organización Mundial de la Salud, no abogamos por los encierros como el principal medio de control de este virus", aseguró Nabarro.
Y explicó que este tipo de medidas sólo se justifican para "reorganizar los recursos" en el comienzo de la pandemia, pero al mantenerlas en el tiempo elevan de manera considerable los niveles de pobreza y desempleo en los países que adoptan este camino.
"Miren lo que ha pasado en el Caribe con las ciudades que viven del turismo. Miren lo que ha pasado con los niveles de pobreza en el mundo, que se van a duplicar el año próximo. Se ha duplicado la desnutrición infantil porque los niños no reciben la comida en las escuelas y sus padres no pueden trabajar para proveerles alimentos", sostuvo.
Y agregó: "Es una catástrofe a nivel global. Le pedimos a los líderes que dejen de usar al confinamiento como el principal método para controlar la enfermedad. Tienen que desarrollar mejores sistemas".
"Las cuarentenas tienen una consecuencia que no puede subestimarse: hacen a los pobres mucho más pobres", concluyó.
Y aseguró que los gobiernos deben de tener planes de rastreo y hospitalización para tratar a los pacientes con COVID-19.
Nabarro avala por tanto la tesis del director general de la OMS, Tedros Ghebreyesus, que ya en agosto se mostró contrario a los confinamientos, porque no considera que sean una solución efectiva a largo plazo para cualquier país.
La advertencia del experto llega en un momento que muchos países como España están apostando por confinamientos perimetrales, como es el caso de nueve municipios madrileños, que si bien no son igual de severos como el de la primera ola sí que restringen la movilidad a determinados supuestos como ir a trabajar o a un centro sanitario.