La nota surgió porque han habido declaraciones contradictorias sobre el tema, explica Vatican News.
Es importante aclarar que los medicamentos no llevan tejidos de fetos humanos extraidos de un aborto.
La polémica, explica el diario La Vanguardia, arrancó cuando un cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, dijo que "el demonio existe en plena pandemia, intentando llevar a cabo investigaciones para vacunas y para curaciones. Nos encontramos con la dolorosísima noticia de que una de las vacunas se fabrica a base de células de fetos abortados”.
También en USA y Canadá surgió un debate al propagarse por redes sociales un montaje que decía que la vacuna de AstraZeneca estaba fabricada con células de fetos.
Los expertos en vacunología niegan con rotundidad que estos medicamentos puedan llevar tejidos de fetos humanos extraídos de un aborto.
En lugar explican que se usan líneas celulares creadas por medio de cultivos, copias y desarrollos de las células extraídas de tejidos humanos mucho tiempo después de su obtención, explicó la Agencia Efe.
El Vaticano asegura que el uso de estas vacunas anti-Covid "no implica ni debe implicar" un apoyo moral al uso de líneas celulares de fetos abortados ni tampoco al aborto.
La Congregación aclara que "el uso moralmente lícito de este tipo de vacunas, debido a las condiciones particulares que lo hacen, no puede constituir en sí mismo una legitimación, ni siquiera indirecta, de la práctica del aborto, y presupone la oposición a esta práctica por parte de quienes recurren a ella."
La declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe cita la circunstancia de ciudadanos a los que las autoridades de salud no permitirían elegir con qué antídoto vacunarse.
También remarca que vacunarse "no es, como regla, una obligación moral" y por lo tanto debe ser voluntaria.
Aún así, remarca "el deber de buscar el bien común", protegiendo a los más débiles y a los más expuestos al virus a través de la vacunación.
Se pide a las empresas farmacéuticas y a los organismos gubernamentales de salud que "produzcan, aprueben, distribuyan y ofrezcan vacunas éticamente aceptables que no creen problemas de conciencia".
Quienes por razones de conciencia rechacen las vacunas producidas con líneas celulares procedentes de fetos abortados, deben sin embargo "tomar medidas para evitar, por otros medios profilácticos y con un comportamiento adecuado, convertirse en vehículos de transmisión del agente infeccioso".
Para evitar "cualquier riesgo para la salud" de las personas más vulnerables.
Por último, la Congregación para la Doctrina de la Fe enfatiza el "imperativo moral" de garantizar que "las vacunas eficaces y éticamente aceptables" sean accesibles"también a los países más pobres."