Remarcó que lo que sí influye en su transmisión son las grandes reuniones y la falta de distancia social.
"Será una gran ola. Va a subir y bajar un poco. Lo mejor es aplanarla y convertirla en algo que moje los pies", aseveró Harris. Lo dijo en relación al peligro de aligerar las medidas de prevención en el hemisferio norte, que está en verano.
Ayer, el mismo organismo había alertado que, pese al recrudecimiento de casos de COVID-19 en el mundo, las economías deben reabrir. Mantener las fronteras cerradas para frenar al coronavirus es una estrategia inviable.
"Será prácticamente imposible para cada país mantener sus fronteras cerradas en un futuro cercano", subrayó Michael Ryan, director de la OMS para situaciones de emergencia el lunes 27/7. "Continuar manteniendo selladas las fronteras internacionales no es necesariamente una estrategia sostenible para la economía mundial, para los pobres del mundo o para cualquier otra persona", dijo. "Las economías deben reabrir, la gente tiene que trabajar, el comercio debe reanudarse", dijo, aunque admitió que cada Estado debe tener en cuenta cuáles son sus riesgos particulares a la hora de abrir fronteras.
El mismo lunes, Naciones Unidas alertó que el hambre podría matar a 128.000 niños por culpa de la pandemia. Comunidades pobres de Latinoamérica, el sur de Asia y África subsahariana, que ya lo padecían, están llegando a un límite por el COVID-19, los cierres y sus consecuencias sanitarias y socioeconómicas. Granjas han quedado aisladas de los mercados, advierten, y poblados que lo necesitan han dejado de recibir ayuda alimentaria y médica. La creciente desnutrición, alertan, tendrá consecuencias a largo plazo.