En el caso de Australia, ya había cumplido en una primera etapa con el objetivo inicial de administrar las dos dosis de la vacuna contra el coronavirus a más del 85% de su población, de 25 millones de habitantes.
El balance de las consecuencias que trajo el Covid-19 para el país oceánico es que desde el comienzo acumuló más de 198.500 contagios, que incluyen unos 1.950 fallecidos y 12.600 infecciones activas.
Aunque todavía le quedan frentes abiertos para controlar el Covid-19, focalizados en los estados de Victoria y Nueva Gales del Sur, así como en comunidades aborígenes del Territorio Norte, a nivel nacional se decidió una reapertura de las fronteras y la normalización de las actividades.
A la vez, extender la vacunación en las zonas más vulnerables y establecer cercos sanitarios donde se registraran nuevos casos, a fin de evitar rebrotes.
Sin embargo, cuando se endurecieron medidas tales como la obligatoriedad para vacunarse en ciertos sectores de la ciudadanía, aún reacios al cumplimiento voluntario, se desataron airadas protestas por parte de ciudadanos que interpretaron que el Estado invadía su libertad.
La gota que rebalsó el vaso fue el estricto cierre que se dispuso dentro del Territorio Norte, en una "comunidad de baja vacunación" y poca población, como Binjari, y el cercano Rockhole, en respuesta a un brote de Covid-19.
Control callejero
Más irritante aún fue que se militarizara el control callejero de las cuarentenas.
Sucedió que el sábado por la noche habían sido diagnosticados cinco hombres y cuatro mujeres, de varios hogares diferentes, y de inmediato las autoridades convocaron a la fuerza de defensa australiana para ayudar con la transferencia de casos positivos y contactos cercanos.
Al día siguiente, el primer ministro del Territorio Norte, Michael Gunner, ratificó que una mujer de 78 años estaba siendo tratada en el hospital Royal Darwin, mientras que los otros ocho casos habían sido llevados al centro de cuarentena de Howard Springs.
Conferencia del ministro de Territorio Norte
Si bien no se confirmaron nuevos casos, Gunner dijo que es dable esperar que aparezcan más en Binjari y que es probable que los arreglos de cierre para las cercanías de Katherine y Robinson River continúen vigentes durante varias semanas, con lo que se justificó que mantengan áreas bloqueadas en el Territorio del Norte.
“Lo que nos quedó claro en base al nivel de movimiento que ha estado ocurriendo en algunas comunidades fuera de Katherine, es que existe un riesgo real de que el virus haya llegado a las comunidades conectadas más lejanas”, dijo Gunner a los periodistas.
“Binjari tiene una población menor que Robinson River. Vacúnese, una vez que contraiga el virus, será demasiado tarde. Necesitamos que te pongas la vacuna ahora ", exhortan.
La tabicación de las cuarentenas para aislar los focos de propagación exacerba los ánimos de los activistas de derechos humanos, por un lado, pero por otro cuenta con el apoyo de algunos de los organismos indígenas claves en el territorio.
Es que se cuentan 10 casos de australianos indígenas de entre 17 y 78 años que contrajeron el virus, lo cual eleva el grupo del territorio a 31 casos.
Inclusive, una mujer del río Robinson, 1.000 kilómetros al sureste de Darwin, se convirtió en la sexta persona de su comunidad en ser diagnosticada más temprano el sábado antes de que se adoptaran las drásticas medidas de aislamiento forzoso.
La Alianza de Servicios Médicos Aborígenes y los consejos de tierras del Norte, Tiwi y Anindilyakwa, afirmaron estar "seguros de que el gobierno de Territorio Norte está tomando todas las medidas apropiadas" para proteger a las comunidades involucradas.
El respaldo incluye la aceptación de hacer cumplir por la fuerza las medidas para contener el brote en toda esa zona, que se inició cuando una mujer infectada de 21 años ingresó ilegalmente a la región a fines de octubre, después de contraer el virus en Victoria y mentir en su formulario de entrada a la frontera.