En Argentina, personas como Javier Milei o Agustín Laje encuentran en Estados debilitados, en donde es muy difícil cobrar impuestos, implementas políticas sociales, controlar la corrupción, mantener la seguridad pública y el ambiente de hartazgo predomina, su vía de expansión.
El historiador Pablo Stafanoni explica en su libro "¿La rebeldía se volvió de derecha?" que "el antiprogresismo y la anticorrección política edifican hoy un nuevo sentido común que parece alimentarse de una doble deficiencia de la izquierda: cierta dificultad para encarnar proyectos transformadores y también una incapacidad para imaginarlos".
La imagen más fiel de estas nuevas derechas fue el expresidente estadounidense Donald Trump, que se dedicó a atacar muchas de las instituciones informales de la democracia. Para Levitsky y Daniel Ziblatt en "Cómo mueren las democracias", "hay un efecto del trumpismo que trasciende a Estados Unidos: un Trump que "rompía todo" llevó al progresismo a ubicarse en una posición de defensa del statu quo". Pero esta posición no permite canalizar el inconformismo de la sociedad y, sobre todo, de los de abajo.
El debate ya está abierto y Argentina no queda exenta. Sólo queda por ver qué pasa en estas próximas elecciones con los identitarios de esta nueva derecha, en los que entran Milei y Laje, que son una consecuencia del fracaso de la izquierda. ¿Quedarán en el camino o la sociedad les dará el lugar de que se conviertan en el próximo Trump o Jair Bolsonaro de Argentina?