Sin embargo, la propuesta fue descartada bajo el argumento de que la escasez de inmunizantes no sería un problema, ya que el Instituto Butantan y el Fiocruz producirán los suficientes. Incluso, la expectativa del gobierno es que Brasil se convierta en un exportador de vacunas a finales de este año. Un objetivo ambicioso y difícil de conseguir si consideramos la situación del país.
En suma, esta semana se dieron a conocer los resultados completos de los estudios que comprobaban la efectividad de la vacuna Coronavac, la cual es producida por el Instituto brasilero Butantan en colaboración con la farmacéutica china Sinovac. El Gobierno de São Paulo, acérrimo defensor de la vacuna, divulgó la semana pasada únicamente los resultados parciales y que eran, en principio, más positivos que los actuales.
La autoridades habían anunciado que la vacuna tenía una eficacia de un 78% para prevenir los casos graves o moderados, pero las cifras de los casos muy leves de la enfermedad se pasaron por alto. Si se consideran dichos casos, la eficacia general de la vacuna es de un 50,4%. Como consecuencia, el presidente Jair Bolsonaro "se burló" de la Coronavac y aumentó, de esta manera, el descrédito hacia el inmunizante, haciendo que sus seguidores y "anti-vacunas" reafirmen su decisión de no vacunarse.
Los científicos ya han dicho que para que se logre la inmunidad de grupo con esta vacuna, es necesario que se inoculice al 100% de la población. Y el dilema entre los empresarios, que se dividen en dos grupos, es el siguiente: un parte sostiene que deberían permitir comprar al sector privado vacunas para sus empleados y sus familiares pero, por otro lado, otro grupo considera poco ético "saltarse la línea" de los grupos de riesgo definidos (ancianos, profesionales de la salud y personas con enfermedades crónicas).
El problema es que se debería dejar al Estado coordinar estos temas relacionados a la salud pública porque, en la situación de pandemia mundial que nos encontramos, las vacunas escasean. Por lo tanto, se corre el riesgo de que cada empresa compre una cierta cantidad de dosis y haga su propio negocio revendiéndolas. Pero, con un Brasil brutalmente golpeado por el coronavirus, es entendible la desesperación de ciertos sectores de la sociedad por acceder a la inoculación.