Nada mal, excepto la calidad del termo desde donde emiten: un termo de cristal. Abajo la calle, pero en eso son todos similares: la calle está lejana e incierta.
En el extremo del ditirambo y el interruptus permanente está Luis Majul, su problema de incontinencia se acelera con las horas en cada día que pregunta tantas cosas de imposible respuesta que uno debe —preguntarse— es socrática la pregunta… con las implicancias de todo aquello que, preguntando, él afirma.
La respuesta asusta. Cerca suyo Eduardo Feinmann sobreviviente, el que no estudió como el otro, ni de asomo, pero revolea su Mont Blanc (las tengo, biró y pluma, son hermosos objetos fetiches) mientras afirma cuestiones tan tremendas que dan ganas de aferrarse al tango: ”Cazá un bufoso y chau, vamo’a dormirrr”. Alivia la tensión el cordobés Pablo Rossi que aparenta saber pero es eso, apariencia de imágenes de un solo costado de los hechos y finalmente el Grupo Leuco.
El juego de los hijos (Leuco / Viale ) pone las cosas en este punto. El pibe Johnny Viale tiene producción propia más seria y, dejando de lado todos los remilgos, es el mas definido: “Delenda est Cartago” …allí se para pensando en los Fernández como la derrota a obtener.
En este panorama se inscribe Viviana Canosa, aquella chica que entregaba “dos o tres canositas” a tal y cual espectáculo en el programa de Jorge Rial (Como diría mi abuela: “otro que bien baila”…)
Asombran los ilustrados en este panorama. Nelson Castro, Carlos Campolongo, Luisito Novaresio, Sergio Berenzstein (hay mas) de quienes uno debería esperar balances mensuales y / o semanales, no la ametralladora diaria, son ilustrados y lo saben: no hay tanto de diferente entre la noche y la mañana.
Balance se debe pero hay una pulsión que los mueve y que se transmite. Esa pulsión es: 'vamos contra eso'… 'contra esto', 'contra aquello'. Ahora, ahora, ahora. No dejan ningún demostrativo suelto. Adjetivemos el tiempo y la distancia.
Podría decirse: el periodismo de adjetivos es la base de una televisión que juzga hacia el interior, sojuzga y coloniza pero claro, cuidado, porque desde el interior lo dejan subyugar al interior.
Esta tele se desprende de las que se emiten en el mundo. No es así ni tan así el panorama de noticias en los países civilizados pero pero… hay un argumento inatajable: negocios son negocios.
La Canosa, con sus actos de la semana anterior, puso en superficie este tema. No le dejaron poner en el aire unos insultos contra Sergio Massa. Los insultos existieron.
Un Bazán, no el otro, en sus notas de viajero, según cuenta la leyenda, armó una parrilla de gatos… a la parrilla… en una hambruna anterior. Fue en Rosario. Desde entonces Alina Moine, la Perochena, Luciana Geuna, Luis Novaresio, Reynaldo Sietecase y otros no le hacen caso pero los rosarinos son “Comegatos” en las tribunas futboleras. La televisión pega y duele.
Cuando La Canosa lucha y pierde con Sujeto, Verbo y Predicado y abandona la batalla con el punto, el punto y seguido, el punto y coma y es una contienda a pérdida total con las oraciones subordinadas y naufraga en el lenguaje de 200 palabras y el porcentaje de insultos desnuda, pese a sus condicionantes que la limitan tanto, el viejo juego: no es prensa es empresa. La Canosa lo sabe. La empresa era feliz con ella.
Sus mediciones en canales de cable, su presencia física con esa sonrisa tan Rubén Blades (una muchacha plástica) seduce porque a sus 50 años declarados, tal como se encarga en demostrarlo físicamente, es una bella señora que insulta al Estado Peronista / Kirchnerista / Camporista y eso está bueno pero… los amigos son los amigos.
Compartir la misma fila de carpas en Pinamar hace muchos años forjó amistades que no están escritas (creo que sí) pero están fijadas entre aquella familia mendocina y el yerno de la compañera Durrieu.
Mañana no se sabe, mañana será otro día pero lo que aparece es que no hay solidaridad gremial, de sector, no hay censura previa y aclaremos: es exactamente eso: censura previa para los militontos que festejan la censura previa- se insiste – a un programa de Viviana Canosa que – esto es evidente – no ha fabricado amores entre los militantes de izquierda, que dominan los sindicatos diciendo este es bueno y lo defendemos y este es malo y nos alegramos que lo censuren, y la libertad de prensa que no ha sido conculcada con la censura a la Canosa. ¿No?… Vamos…
Si hiciese falta una canción buscaría a Piero y José Tchercasky y mandaría por el aire aquello de ay país, país, país… Pero esto no es una canción. Es La Canosa aprendiendo que para algo están los amigos… y que los negocios son los negocios.