Mirtha intentó moverse con cautela, y sin embargo, terminó confirmando algo que pocas veces había contado públicamente. "Estuve enamorada. Estuve comprometida. Antes se comprometía, existía el compromiso".
La frase dejó mudos a varios de los presentes porque no estaba hablando de Daniel Tinayre, el gran amor de su vida y su marido durante casi cincuenta años. Estaba hablando de una historia anterior, de una época donde ella apenas tenía 17 años y ya era una de las jóvenes figuras más prometedoras del cine argentino.
Lo curioso es que cuanto más intentaba Mirtha mantener cierta reserva, más insistía Ninci. Y en cuanto la conductora evitó mencionar el apellido de aquel hombre, incluso llegó a aclarar: "Era un ser extraordinario, Julio. No voy a decir el apellido, no digamos". Pero la periodista volvió a acelerar sin levantar el pie del acelerador. "Julio Albar Díaz".
La cara de Mirtha dijo todo, como suele pasar en las grandes escenas de televisión, su silencio fue mucho más que elocuente.
Quién era Julio Albar Díaz, el hombre que casi se casa con Mirtha
La historia que salió a la luz durante el programa se remonta a 1945, cuando una joven Mirtha Legrand conoció al cordobés Julio Albar Díaz en el tradicional Jockey Club de Córdoba. Por entonces tenía apenas 17 años.
El romance avanzó rápidamente. Tan rápido que llegó a convertirse en un compromiso formal, algo que en aquella Argentina tenía un peso social enorme y que involucraba a familias enteras.
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Julio Albar Díaz fue el primer gran amor de Mirtha Legrand. Foto: Infobae
Los medios especializados de la época seguían cada movimiento de la pareja. La revista Cine Argentino, por ejemplo, describía a Julio como un joven universitario, escritor y hombre de inquietudes intelectuales. La publicación incluso daba prácticamente por hecho que la pareja terminaría casándose.
Y había motivos para pensarlo, dado que Mirtha estaba tan profundamente enamorada que llegó a anunciar públicamente su retiro "definitivo" del cine para dedicarse a construir una familia junto a él. "Soy feliz, el amor nos ha conducido por su ruta encantada. Yo sabía que lo hallaría y ya ve, tengo tanto que agradecer a la vida".
Vista desde hoy, la declaración impresiona porque estamos hablando de una actriz que luego se convertiría en una de las figuras más importantes de la historia del espectáculo argentino. Sin embargo, el destino tenía preparado otro guion.
Mientras Julio cumplía con el servicio militar, Mirtha viajó a Buenos Aires para filmar Cinco besos, donde conoció a Daniel Tinayre. Y todo cambió. "Conocí a un señor que se llamaba Daniel Tinayre, y me enamoré de él".
Pero no fue el único factor: la propia conductora recordó que la familia de Julio tenía una mirada muy distinta sobre el papel que debía ocupar una mujer. "No querían que trabajara más, que dejara de dedicarme al arte y a la actuación".
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Mirtha y Julio se comprometieron, planearon casarse y ella pensó dejar el cine, hasta que apareció Daniel Tinayre y cambió todo. Foto: Infobae
La incompatibilidad terminó siendo decisiva y la ruptura llegó de una manera que todavía hoy le genera culpa. "Se lo dije por teléfono. Horrible. Hasta el día de hoy, no me lo perdono". Aunque luego dejó una de las frases más sinceras de toda la noche. "Era un ser extraordinario".
Según contó Mirtha, Julio rehízo su vida, se casó con una maestra y tuvo varios hijos. Nunca volvieron a encontrarse. "Lo sigo recordando. Después se casó y tuvo varios hijos con una maestra de la escuela donde trabajaba su hermana. Nunca más lo vi. Era buen mozo, se parecía al Bigourdan".
Durante años la conductora evitó hablar públicamente de esta historia, y por eso llamó tanto la atención la insistencia de Ninci, quien explicó que conocía el relato por cuestiones familiares. "La hermana era amiga de mi tía, por eso me acuerdo".
La emoción estaba a la vista, y cuando la periodista remató con una observación que cualquiera frente al televisor estaba pensando, Mirtha ya no pudo esconderlo. "Pero te movió eh... te movió el corazón". La respuesta de la conductora fue breve: "Sí, casi lloro".
Fue ver cómo una mujer de 99 años, acostumbrada a entrevistar a todo el mundo, quedó por unos minutos del otro lado, enfrentándose a un recuerdo que el tiempo nunca terminó de borrar.
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