Algo similar sucede en Argentina con la diferencia de que además está el peso del pago de la deuda con el Fondo Monetario Internacional. "No es que los problemas hayan cambiado, es que los problemas se han vuelto mucho más obvios, mucho más evidentes, mucho más urgentes. Incluso, diría, emergentes", aseguró Gurría en referencia al hecho de que nunca antes se dio una situación donde además de una profunda crisis económica las personas no podían salir de sus casas e ir a trabajar.
A comienzos del mes de marzo la OCDE había asegurado que las consecuencias de la pandemia podrían ser hasta la reducción a la mitad del crecimiento de la economía mundial en 2020. Y efectivamente es lo que estamos observando ya que oficialmente todos los países del mundo están en recesión. Sin embargo lo que diferencia a la región latinoamericana del resto del mundo, es que la existente desigualdad social. "Lo que estamos viendo es una ampliación de este abismo que existe, que es éticamente y moralmente incorrecto. Es económicamente disfuncional y políticamente explosivo y muy peligroso”, continuó el representante de la OCDE.
Es así que en consecuencia y como explicabamos anteriormente, el daño económico tiene consecuencias sociales y viceversa teniendo en cuenta que el temor que la incertidumbre sanitaria y económica despierta en la población hace que el mundo se vuelva más individualista y en consecuencia que se dañen los valores que forman a las sociedades como la democracia, el respeto y la tolerancia hacia el otro. "No podemos desear un mundo mejor después de COVID, vamos a tener que construirlo”, concluyó Gurría en su charla.