Verde que te quiero verde
Tal como en el poema del genial Federico García Lorca (Verde que te quiero verde), todos quieren verde. Las medidas adoptadas por Miguel Pesce, presidente del BCRA, pegan de lleno en el inconsciente colectivo de los sectores medios y medios bajos.
Si alguien tuvo oportunidad de visualizar la conversación de las redes sociales, allí se observa con claridad, que los reproches al sùpercepo adoptado el martes 15/09 por la tarde, vienen de muchos laburantes que accedían a los US$ 200 mensuales como manera de protegerse y en lo posible de ahorrar.
Pero la triste realidad es que al Banco Central se le fueron, en ese goteo cotidiano, casi 3.000 millones de billetes estadounidenses y que, por supuesto, no entraron remplazantes. Pero no miremos la foto, visualicemos la película.
¿De dónde venimos y hacia dónde vamos? De los últimos 10 años, en 6 cayó el PBI, es decir, nuestra capacidad de generar riqueza, por lo tanto, de generar recursos. No estamos contando el Producto de 2020, porque no sabemos de cuánto será la caída como consecuencia de la pandemia, pero descontamos que el número será brutal, como en todo el mundo.
Y aquí nuevamente, el argumentario que salió a relucir desde algunos sectores vinculados al oficialismo, es que el problema del sector externo es que hay fuga. Menudo descubrimiento sería inferir que el dinero es miedoso. Dejémonos de tonterías, el dinero va donde hay rentabilidad y seguridad y esos ejes hoy están ausentes en la Argentina.
Es un reduccionismo vincular estos temas estructurales con el gobierno actual, que está recién llegado y encima lo agarró el Coronavirus. La falta de rumbo estratégico es un problema estructural que atraviesa al turnismo argentino. Cuando el turno le toca a los librecambistas, traen como única respuesta al estrangulamiento del sector externo (falta de dólares), un endeudamiento irresponsable que después juega como condicionante a futuro.
Y cuando el turno es del populismo (y lo de populismo lo decimos en el sentido del empoderamiento de los sectores populares) la respuesta al problema del dólar es cargar de regulaciones las transacciones o intervenir de tal manera en el comercio exterior que cualquiera que analice invertir prefiere salir corriendo.
Yendo a la estricta coyuntura, lo del dólar esta semana era Crónica de Una Muerte Anunciada. Basta recordar un reportaje que el Presidente Fernández le dio a Eduardo Aliverti un mes y medio atrás.
Allí Alberto, frente a la requisitoria periodística del problema cambiario, no tuvo mejor idea que decir que todo estaba en estudio, inclusive una suspensión de la venta de 'dólares ahorro'.
En adelante todo fue ruido entre el ministro de Economía, Martín Guzmán, quien no quería restringir el acceso a esos dólares -con el argumento de que con el arreglo de la deuda algunos 'verdes' vendrían-, y el presidente del Central, Miguel Pesce, quien quería cerrar el goteo hace mucho tiempo. Está claro qué criterio se impuso.
Hay un tema no menor: Pesce conoce que es un delito penal vender los dólares del público. Los depósitos en dólares dilapidados en una corrida resultan un camino de ida hacia un escándalo judicial. Él decidió no correr el riesgo.
Los temas sensibles, y el dólar lo es, no pueden quedar librados a improvisadas declaraciones y bien podría la coalición gobernante tener una política de comunicación más institucional que exponga menos al Presidente y exponga más a ministros y funcionarios. No es el fondo ni la solución a los problemas, pero a veces las formas ayudan.
La cuarentena o algo así
Se anunció una nueva extensión de la cuarentena hasta el 11 de octubre.
Los datos de este tiempo indican que el área AMBA se encuentra estabilizada en el número de casos, pero con registros altos, aunque con una luz de esperanza hacia la baja. El problema de los contagios se extendió al interior y ya estamos empatados entre AMBA e interior.
Esta vez no hubo largas esperas frente al portón verde de Olivos y el formato elegido para los pocos y redundantes anuncios fue un simple video leído por la locutora oficial. Es evidente que el cansancio de la gente obliga a no saturar la televisión con conferencias tripartitas que ya generaban más desgastes que beneficios.
Frente a la falta de vacunas y a las noticias que llegan del mundo anunciando demoras hasta la primavera boreal, lo mejor es insistir con los protocolos, porque, entre otras cosas, la vida continúa.