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"Arruinaron el formato": Feroz crítica a Telefe por el fracaso de Gran Hermano

Gran Hermano ya no es lo que era y en Telefe se nota cada vez más. Santiago del Moro queda en el medio de un formato que ya no engancha como antes.

Sin duda, la última edición de Gran Hermano es uno de los peores fracasos de Telefe, y ahora Rodrigo Lussich, desde sus redes, salió a cuestionar el rumbo del reality y su transformación en estos 25 años. El conductor de Intrusos no apuntó solo al programa sino también a cómo cambió la tele y lo que el público elige mirar.

Cómo cambió Gran Hermano: del experimento social al show de influencers

Cuando Rodrigo Lussich habla de la decadencia de Gran Hermano Argentina, no lo hace desde una nostalgia vacía, lo hace desde una comparación concreta entre lo que fue y lo que es. El ciclo que debutó en 2001 con Soledad Silveyra y tenía una lógica completamente distinta a la actual.

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"Adentro había gente normal, sin Instagram, sin fama, sin canjes", recordó, marcando como diferencia clave que antes el atractivo estaba en la convivencia, mientras que hoy el foco parece correrse hacia la construcción de personajes.

Si lo miramos en números, en sus primeras ediciones el reality llegó a superar los 40 puntos de rating, según mediciones de la época, convirtiéndose en un fenómeno masivo en la TV abierta. Hoy, con el público fragmentado por las plataformas digitales y las redes sociales, esos niveles son prácticamente imposibles de alcanzar.

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El reality pasó del experimento social con gente común a un formato dominado por influencers y conflictos, impulsado también por los cambios en la audiencia y el consumo televisivo.

En ese recorrido histórico, Lussich también apuntó contra la etapa conducida por Jorge Rial, a quien le adjudica un corrimiento desde el experimento social hacia el conflicto como motor central del show: "GH dejó de ser convivencia para ser un ring de boxeo".

Pero quizás el punto más interesante de su análisis no está en los nombres propios sino en la conclusión: "El formato no se arruinó solo, lo arruinamos nosotros". Ahí aparece una autocrítica que excede a la producción y alcanza directamente al público, que también fue cambiando su forma de consumir contenido.

Santiago del Moro en la mira: Críticas a su rol en Gran Hermano

En su repaso, Lussich no evitó meterse con el presente del programa y puso el foco en Santiago del Moro, actual conductor del ciclo en Telefe. "Dice al aire cosas que van contra los intereses del programa. Opina cuando tendría que dejar que el público opine”, lanzó, cuestionando el lugar del conductor dentro del formato.

Recordemos que, en los inicios de Gran Hermano, la conducción ordenaba el relato sin interferir demasiado en lo que pasaba dentro de la casa. Hoy, en cambio, el conductor parece tener un rol más activo, incluso opinando sobre los participantes o las situaciones.

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La conducción de Santiago del Moro también fue duramente criticada por su protagonismo y su estética.

Lussich también apuntó contra la imagen del conductor: "Lo único que le importa son sus looks de adolescente. Campera de cuero, zapatillas limitadas y peinados que dejaron de funcionar hace 15 años. Tiene 48 y se viste como si tuviera 22. El drama no es la casa. Es el vestidor".

Detrás de la ironía, aparece la discusión de cuánto pesa la estética, la construcción de imagen y la lógica de redes en un programa que, en teoría, debería basarse en lo espontáneo. En ese sentido, el periodista sintetiza toda la transformación del formato en una sola frase: "Hoy es el mismo programa con filtro de TikTok".

Un formato que habla más del público que de la TV

Durante años, el reality fue una especie de espejo social, donde el interés estaba puesto en ver cómo convivían desconocidos aislados del mundo.

Hoy, en cambio, muchos participantes ingresan con seguidores, estrategias de exposición y hasta acuerdos previos, lo cual cambia completamente la lógica del juego. Ya no se trata solo de ver qué pasa, sino de ver cómo se construye una imagen hacia afuera.

Ese corrimiento también impacta en la credibilidad del formato y en su capacidad de generar sorpresa. Y aunque el programa sigue siendo uno de los productos más fuertes de la televisión abierta, su desgaste es cada vez más visible.

En definitiva, Lussich apunta a algo más incómodo: la transformación de un formato que dejó de ser experimento social para convertirse en un espectáculo atravesado por la lógica de las redes y el consumo inmediato. Y en ese punto, la pregunta final no es solo qué le pasó a Gran Hermano, sino qué cambió en quienes lo siguen mirando todos los días.

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