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Juan Bava, el árbitro que se patinó e hizo un increíble gol

El árbitro Juan Bava resbaló en el barro durante una lluvia torrencial, anotando un gol accidental. Un duelo que se volvió inolvidable.

En un día lluvioso en el Metropolitano 1983, el partido entre Temperley y Huracán tomó un giro inesperado. El árbitro Juan Bava, siguiendo de cerca la acción, protagonizó un momento insólito al resbalar en el barro y anotar accidentalmente un gol. Una anécdota que quedará grabada en la memoria del fútbol.

La torrencial lluvia del Metropolitano 1983

El 20 de noviembre de 1983, el Teatro de Turdera se convirtió en un campo de batalla en medio de una lluvia torrencial. Los jugadores luchaban por no patinarse en ese terreno tan embarrado, y los espectadores se refugiaban bajo sus paraguas mientras presenciaban un duelo intenso entre Temperley y Huracán.

Huracán y Temperley jugaban bajo una impresionante lluvia, que terminó generando uno de los pasos de comedia más graciosos del fútbol.

La cancha cada vez se ponía más inestable y resbaladiza, y los protagonistas de esta historia enfrentaron condiciones extremas que desencadenarían un momento que nadie olvidaría.

El inolvidable gol de Juan Bava

Durante el segundo tiempo, con el marcador 2-1 a favor de Huracán, Néstor Candedo del Globo lanzó un centro. En un giro del destino, el árbitro Juan Bava, siguiendo la jugada de cerca, perdió el equilibrio y resbaló en el barro.

En su caída, su pierna accidentalmente empujó la pelota hacia la portería de Temperley. La sorpresa invadió el estadio cuando el árbitro otorgó el gol, validándolo y atribuyéndolo al último jugador de Huracán que tocó el balón.

Juan Bava se resbaló y empujó con la pierna la pelota en el arco de Temperley. El gol fue validado debido a que el rebote en el juez no anulaba un tanto.

Aunque fue inusual, en aquel entonces el reglamento no establecía como inválidos los goles marcados por otros que no fueran los jugadores. Por entonces, el partido no se detenía por un rebote de la pelota en el juez, pero luego eso sería modificado.

Aquel día en el Metropolitano 1983, el fútbol presenció un momento único y cómico, donde el árbitro se convirtió en protagonista inesperado al anotar un gol accidental. Un suceso que sigue siendo recordado como uno de los momentos más insólitos en la historia del deporte rey.

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