Pero también evitar las nocivas, como el daño que provocan ciertas tecnologías.
En instituciones como Harvard y UCLA, así como el neuropsicólogo Rick Hanson, han estudiado cómo dirigir de forma consciente la atención hacia experiencias positivas puede reforzar determinados circuitos neuronales.
Un ejercicio sencillo consistiría en detenerse durante unos 10 segundos para recordar algo bueno que haya ocurrido durante el día, por pequeño que parezca.
Repetido con frecuencia, este hábito podría contribuir a fortalecer los circuitos relacionados con la resiliencia, el aprendizaje y el bienestar psicológico.
Con la práctica constante, el cerebro podría volverse más eficiente para identificar oportunidades, emociones agradables y recursos que favorezcan el bienestar emocional.
El estado de ánimo puede influir en la forma en que se piensa, actúa y enfrentan los desafíos del día a día.
Los estímulos emocionales
Todas las emociones son parte de la experiencia humana. Si la tristeza, la ansiedad, el estrés o cualquier otra emoción persisten durante mucho tiempo o interfieren con la vida diaria, se impone buscar apoyo profesional.
Aunque no existe una solución única para todas las emociones, ciertos hábitos saludables pueden ayudar a regular el estrés y promover un mayor bienestar mental.
Ante el enojo o la frustración, son recomendables actividades como cantar o escuchar música, las cuales pueden ayudarte a expresar emociones y disminuir la tensión.
Cuando aparece el agotamiento, una caminata suave puede favorecer la circulación, despejar la mente y recuperar energía.
Si se tienen demasiados pensamientos al mismo tiempo, escribir lo que se siente o llevar un diario puede ayudar a organizar ideas.
En momentos de ansiedad, practicar respiraciones lentas y profundas puede contribuir a reducir la intensidad de la respuesta al estrés.
Las acciones que contrarrestan el envejecimiento del cerebro.
IG
Cada vez más investigaciones sobre neurociencia están mostrando que el cerebro no es un órgano estático.
Cuidarlo también es cuidar cómo comer, cómo moverse, dormir y vivir, en definitiva.
Es que no se trata de un solo hábito aislado, sino de la interacción entre alimentación, actividad física, sueño, microbiota y estimulación cognitiva.
Estilo de vida
Una revisión reciente destaca que varios factores del estilo de vida pueden modular la salud cerebral, entre ellos:
-Nutrición: los lípidos, la glucosa, las vitaminas, las proteínas y compuestos como los flavonoides participan en el metabolismo cerebral y pueden influir en la función neuronal.
-Ejercicio físico: el movimiento favorece procesos relacionados con la plasticidad cerebral, incluyendo moléculas como el BDNF, exerkines y endocannabinoides, que participan en la comunicación entre músculo, cerebro y otros tejidos.
-Microbiota intestinal: el eje intestino-cerebro puede influir en inflamación, metabolismo y señales que afectan la salud del sistema nervioso.
-Sueño: dormir bien es fundamental para la recuperación cerebral. Durante el sueño se activan procesos asociados a reparación, regulación metabólica y limpieza de desechos a través del sistema glinfático.
La neuroplasticidad
Gracias a un fenómeno conocido como neuroplasticidad, las conexiones entre las neuronas pueden fortalecerse y reorganizarse a lo largo de la vida en respuesta a las experiencias, el aprendizaje y los hábitos diarios, se describe en la cuenta de IG de infoviralplus.
La plasticidad cerebral es la facilidad que tiene el cerebro de adaptarse.
Esta adaptación viene dada en forma de aprendizaje, es decir, lo que permite aprender, según grafica Virginio Gallardo, socio director de @Humannova.
La reorganización del cerebro.
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