Este fenómeno se produce debido a la emisión excesiva de flujo luminoso, proveniente de fuentes artificiales de luz, como el alumbrado público, carteles de publicidad, oficinas, fábricas, y estadios deportivos.
Es uno de los principales efectos secundarios de la urbanización. A la contaminación lumínica se la acusa de alterar los ecosistemas, modificar los entornos estéticos y perjudicar a la salud. En este caso, en el correcto descanso.
La alta exposición a luces exteriores brillantes y artificiales durante la noche puede provocar falta de sueño en los adultos.
Según indica el estudio, cuanto más expuestas estaban las personas a la contaminación lumínica por la noche, más tendencia tenían en consumir medicamentos para ayudarlos a conciliar el sueño.
Además, con el entrecruzamiento de imágenes tomadas por los satélites, se llegó a la conclusión de que las personas que vivían en las áreas más iluminadas tenían una tendencia a consumir dosis más altas de esas drogas y por mayor tiempo, en comparación con los habitantes de lugares más rurales.
Para llegar a estos resultados, los investigadores analizaron datos de más de 50.000 adultos de 60 años o más del Servicio Nacional de Seguros de Salud National Sample Cohort, una base de datos entre 2002 y 2013 en Corea del Sur.
Los científicos compararon la exposición a la luz nocturna de las personas y el consumo de 2 tipos de drogas para dormir, Zolpidem y Triazolam.
Los autores del estudio dicen que los resultados confirman que la contaminación lumínica perjudica a la salud y que los funcionarios públicos deben tomar cartas en el asunto, para que los ciudadanos puedan tener una mejor calidad de vida y un mayor descanso.