Así, empezó a fotografiar animales geriátricos para poder mirar este miedo desde una nueva óptica.
Mientras los fue conociendo y descubriendo sus historias, les tomó tanto cariño que la idea de hacer algo por ellos, de ser su voz, se volvió el centro de su trabajo.
Su objetivo es mostrar que estos animales sienten placer y dolor, alegría y tristeza, miedo y bronca. Aman a sus crías y sufren cuando son separados de ellas. Algunos son tímidos y reservados, otros extrovertidos y afectuosos. Algunos son solitarios, otros tienen amistades fuertes con otros animales. Cuando sus amigos mueren, ellos sufren.
"Me seguí centrando en animales viejos de granja porque no es menos que un milagro estar en la presencia de un animal de granja que ha llegado a la edad adulta", explicó Leshko.
Para tomar las fotografías, apunta la fotógrafa, pasó varios días acostada en el piso junto a los animales, ya que al principio ellos suelen ser desconfiados de las personas. Trabajó con luz natural para ser lo menos invasiva posible.
"Estar en presencia de animales de granja que desafiaron todos los obstáculos para llegar a la edad adulta fue una experiencia poderosa para mí. Me enseñó que la vejez puede ser una bendición y no una maldición", dijo.
Forest, de 16 años, fue rescatado de ser exterminado junto a su manada en la costa californiana. /Foto:IsaLeshko
Un gallo sin nombre, cuya edad es desconocida, fue rescatado de una granja productiva. /Foto:IsaLeshko
Abe, una cabra alpina de 21 años, llegó a un santuario cuando su cuidador ya no pudo hacerse cargo de él. /Foto.IsaLeshko
Buddy, un caballo de 28 años, llegó a un santuario tras haber perdido la vista. Sufría ataques de pánico que le llevó meses superar. Para evitar que sufriera iritis dolorosa, le fueron removidos los ojos. /Foto:IsaLeshko