El análisis se centró en tres dimensiones:
- La diversidad de bacterias entre personas
- La diversidad dentro de cada persona
- La composición individual de microorganismos
Al observar las diferencias entre personas, la composición microbiana se asoció significativamente a las mediciones cognitivas.
Una vez que los resultados se ajustaron los datos por completo para evitar cualquier factor de confusión, los géneros de bacterias Barnesiella, Lachnospiraceae y Akkermansia se asociaron positivamente con al menos una de las pruebas cognitivas.
Ahora bien, ¿cómo se da este vínculo entre cerebro y microbiota?
Un mecanismo podría ser la producción de ácidos grasos de cadena corta, que son uno de los principales subproductos del intestino y pueden tener propiedades neuroactivas.
De hecho, otros estudios con animales sugirieron que estos elementos protegen contra la demencia vascular y el deterioro cognitivo.
En síntesis, los resultados publicados en JAMA Neurology se suman a las previas evidencias sólidas de que la nutrición está relacionada con la composición de bacterias y que ambas están fuertemente relacionadas con la función cognitiva.
En el futuro, los científicos esperan que los hallazgos puedan conducir a nuevas vías para reducir el deterioro cognitivo, así como para identificar biomarcadores involucrados en el riesgo de enfermedades crónicas.