De todos modos, en el rango etáreo de 18 a 29 años, la frecuencia promedio que extraen se encuentra entre 80 y 110 veces al año, o sea, 1,5/2 veces a la semana.
De 30 a 39 años, baja a 70/90 anuales (1,5 por semana promedio).
De 40 a 49 años, desciende a 50/70 veces por año, una vez a la semana.
De 50 a 59 años, 35/50 veces al año, 2 a 4 veces al mes.
De 60 a 69 años, 20/30 veces al año, cada 2/3 semanas.
Y más de 70 años, varía mucho, si bien muchas personas continúan siendo activas.
Tema tabú
El sexo después de los 65 años continúa siendo un tema tabú por los prejuicios que se tienen alrededor e inclusive en los propios geriátricos no saben cómo acompañar las relaciones íntimas entre internados, cuando las descubren.
No necesariamente son aventuras, sino que la intimidad del trato en la convivencia dentro de las instituciones facilita que "una cosa lleve a la otra".
Cuando por casualidad, generalmente, los casos trascienden las paredes de los dormitorios, se opta por afrontarlos con bajo perfil.
El deseo no se apaga, sino que se transforma y la genitalidad retrocede de planos, condicionada por la menopausia, la disminución de la testosterona, las enfermedades crónicas o el uso de determinados medicamentos.
El erotismo se manifiesta en conjugar intimidad, complicidad y conexión emocional.
No obstante, en la mayoría de los geriátricos faltan protocolos escritos, capacitación del personal, criterios claros para evaluar la capacidad de consentir y, sobre todo, espacios de privacidad.
Los equipos de salud no deberían impedir, sino garantizar que exista consentimiento, respeto y condiciones adecuadas para vivirla.
La nueva vejez
En la nueva vejez quedó de lado el prejuicio de pérdidas y retiradas y ganó espacio la construcción de proyectos, la formación de nuevas parejas y que la sexualidad pueda ser disfrutada desde otro lugar que cuando se era joven.
Dejó el desván de los recuerdos para integrarse, pero desde otro lado, al mundo de la seducción y la formación de nuevos vínculos.
El resultado de esta mutación es que las personas mayores cuidan distinto su cuerpo, se lo percibe diferente y se presta atención a los otros.
El entorno en cada caso influye en la incorporación o no de quienes durante años se alejaron del deseo.
Reacción de los hijos
"Me puse de novia con un hombre varios años menor después de mucho tiempo de estar sola y mis hijos me amenazaron con no traerme más a mis nietos", admite una veterana +60 muy atractiva, de esas que hacen voltear la cabeza de los hombres a su pasar.
Así como las frecuencias son distintas según los rangos etáreos, los cambios del cuerpo determinan otro tipo de deseo y de intereses, a los que hay que amoldarse.
La buena sexualidad implica conectarse con uno mismo, con el otro, con el cuerpo y con el placer de manera positiva.
Y es un mito que el deseo desaparezca, aunque sí lo afectan los conflictos emocionales, las enfermedades, el estrés o experiencias negativas acumuladas.
Ya no se miden cantidades de veces sino intensidades y calidad.
El deseo sexual en los adultos mayores abarca muchos componentes diferenciadores de los que privan en los rangos etáreos más jóvenes.
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En el caso de las mujeres, el principal enemigo es el síndrome genitourinario de la menopausia, ya que la disminución de estrógenos les trae sequedad vaginal, pérdida de elasticidad y dolor ante penetraciones.
Hay tratamientos, aunque la reacción ante tal adversidad suele ser la negativa a tener relaciones carnales.
Aunque ya no es un tema cerrado como antes, no se trata con soltura entre médicos y pacientes.
Se utilizan estrógenos locales, en forma de óvulos o cremas, una estrategia con mayor respaldo científico y que puede ser utilizada incluso en mujeres que no pueden recibir terapia hormonal sistémica. Pero para ello la condición es que el tema salga a la luz.
Enfermedades que matan deseo
También la hipertensión, la enfermedad coronaria o la diabetes pueden afectar la respuesta sexual al comprometer el flujo sanguíneo o provocar daño vascular y neurológico.
Lo mismo que la artrosis, los trastornos neurológicos y las secuelas de un accidente cerebrovascular (ACV) pueden limitar la actividad sexual por dolor o dificultades motoras.
Cuando no, algunos psicofármacos pueden disminuir la libido, lo mismo que la polifarmacia, frecuente en los adultos mayores.
Disfunción eréctil
En el caso de los hombres, la disfunción eréctil impulsa las mayores consultas, y en muchas oportunidades se descubre una manifestación temprana de enfermedad vascular.
La disfunción eréctil es motivo de las mayores consultas aunque no necesariamente responden a cuestiones sexuales.
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Existen medicamentos que mejoran la función sexual, como el sildenafil y el tadalafilo, pero la condición es que quienes los tomen tengan una enfermedad cardiovascular en todo caso estable, si bien están contraindicados en quienes reciben nitratos.
En ninguna de estas situaciones, sin embargo, mueven el amperímetro del deseo.