Para obtener estos resultados, realizaron experimentos con 36 voluntarios a quienes se les pidió que masticaran diferentes tipos de chicles, algunos más ricos y otros menos ricos, durante 5 minutos. Luego, los calificaron en términos de sabor, olor y gusto.
A medida que iban masticando, se registró la actividad en su área cortical mediante una técnica de neuroimagen que se utiliza para controlar la oxigenación cerebral de forma no invasiva y en tiempo real.
Como era de esperar, descubrieron que los participantes calificaron cada tipo de chicle de manera diferente, según sus preferencias individuales.
No obstante, también observaron que un área específica de la corteza prefrontal (la sección izquierda) se activaba de manera diferente al masticar chicles más o menos sabrosos.
Estos hallazgos contribuirán a la comprensión de los estados emocionales provocados al comer y, en el futuro, podrían inspirar a otros científicos a realizar investigaciones similares y a entender cómo el cerebro procesa y crea diferentes experiencias alimentarias.
El trabajo fue publicado en la revista científica Frontiers in Neuroscience.
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