Hablar con una ballena puede ser la clave
Inspiración para la ballena blanca de Moby Dick, los cachalotes tienen las cabezas y cerebros más grandes, y hacen el sonido más fuerte de cualquier animal en la Tierra.

Inspiración para la ballena blanca de Moby Dick, los cachalotes tienen las cabezas y cerebros más grandes, y hacen el sonido más fuerte de cualquier animal en la Tierra.
Habitan aguas subárticas, subantárticas y atlánticas: Islas Orcadas del Sur, Península Antártica, Islas Shetland del Sur, Islas Malvinas, Islas Georgias del Sur, Isla Ascensión... pero también hay en Islandia y Groenlandia, en el Atlántico Norte.
Un cachalote requiere unos 900 Kgs. diarios de calamar o peces o pulpo o rayas o tiburón de boca ancha.
Ellos emiten una especie de chasquido que producen en series rítmicas conocidas como codas y hay un estudio en marcha, según la revista científica Hakai Magazine.
Comenzó en marzo de 2020, se llama GPT-3, y es un modelo de inteligencia artificial que emplea el 'deep learning' (un tipo de aprendizaje automático e inteligencia artificial que imita la forma en que los humanos obtienen ciertos tipos de conocimiento). El objetivo es identificar los conjuntos de palabras que suelen ir juntos para aprender a construir las frases. El objetivo es establecer la estructura de las comunicaciones entre los cachalotes y conseguir muchísimas grabaciones de codas.
Aplicando inteligencia artificial,
Pero el caso de los cachalotes es mucho más complejo, divididos en clanes, con sus redes sociales dominadas por hembras, y que se diferencian por la forma en que emiten los chasquidos de las codas, tal como si fuesen dialectos dentro de una misma lengua.
Luego está el Proyecto CETI, del biólogo marino David Gruber, también aplicando IA para decodificar el lenguaje de los cachalotes, utilizando robots no invasivos y un algoritmo de aprendizaje automático para recopilar y analizar millones de vocalizaciones de cachalotes.
Esto es lo que parecieron intuir, en una playa de Cariló, provincia de Buenos Aires, los guardavidas Ronco (42 años de profesión) y Gustavo (22 años de profesión), cuando rescataron a una ballena varada cerca de la orilla y con la marea en bajante: “Nos dimos cuenta de que se estaba alimentando y una ola la empujó”.
Los guardavidas se comunicaron con una ONG, donde un especialista les instruyó acerca de lo que debían hacer.
Entonces se vistieron trajes de neoprene y se metieron en el mar, acercándose a la ballena de “7 u 8 metros” de largo, encallada a unos 150 metros del parador.
Cuando la ola venía, le pegaban al agua y le decían "Ahora, ahora, ahora", y la ballena se hundía, hacía fuerza contra el fondo y avanzaba de a poco.
"Parece una boludez esto que te digo, pero es cierto”, dijo Ronco.
El guardavidas estaba emocionado: “Nosotros le hablamos y ella entendía. Le decíamos ‘vení más acá, más allá, hacé fuerza’ y ella hizo todo eso”.
Algo más: “Había un montón de gente que se quedaron a ver. Tenemos testigos porque de lo contrario, no nos cree nadie esa parte”.