Donald Trump recibió a Gianni Infantino en la Casa Blanca durante la previa del Mundial 2026, una cercanía política que ahora queda bajo la lupa por la posible entrada de capital vinculado a la familia Kushner.
FOTO: AFP
Los US$40 millones que encendieron la guerra
La cifra que comenzó a circular necesita una distinción. FIFA no promete un cheque inmediato de US$40 millones a cambio de un voto: ofrece hasta US$20 millones extraordinarios para proyectos y otros US$20 millones correspondientes al programa de desarrollo del siguiente ciclo. Sin embargo, la condición impuesta por Infantino convirtió el esquema financiero en un problema político. Las federaciones que respalden la creación de la nueva empresa podrán acceder al pago excepcional, mientras que la propuesta será retirada si no reúne los apoyos antes del 19 de septiembre.
Para los países cuyas asociaciones dependen en buena medida de los recursos que entrega FIFA, la diferencia puede resultar decisiva. Ese poder económico es precisamente el que denuncia la UEFA, que considera que Infantino intenta asegurar la aprobación del proyecto antes de que se conozcan todos sus inversores, las reglas de gobierno de la nueva sociedad y quiénes terminarán beneficiándose de la comercialización del Mundial.
La entrada de fondos privados tampoco sería neutral. Quienes compren una participación buscarán recuperar su inversión y obtener rentabilidad, lo que podría aumentar la presión para ampliar torneos, sumar partidos, elevar precios y explotar todavía más los derechos comerciales de las competiciones. El enfrentamiento ya no gira únicamente alrededor del dinero, sino sobre quién decidirá el futuro del fútbol mundial.
UEFA acusa a FIFA de utilizar el fútbol para enriquecer a sus amigos
La respuesta de la UEFA dejó atrás cualquier tono diplomático. Después de conocerse la carta enviada por Infantino a las diferentes asociaciones y federaciones, el organismo europeo denunció que la oferta económica está condicionada al respaldo del nuevo proyecto comercial y consideró que el ultimátum deja al descubierto las verdaderas prioridades de la operación.
“Esto lo dice todo sobre este plan”, expresó la UEFA al referirse al plazo fijado para el próximo 19 de septiembre. La frase apunta al pago extraordinario que FIFA ofrece a las federaciones que acepten el nuevo modelo y que quedaría fuera de la propuesta si el organismo no consigue el respaldo necesario, según reveló Sky Sports.
El segundo comunicado fue todavía más agresivo que el difundido un día antes. Tras asegurar que existe una “oposición significativa y creciente”, UEFA sostuvo que FIFA “no puede seguir utilizando nuestro deporte” para “enriquecerse a sí misma y a sus amigos”. También reclamó que el futuro económico del fútbol vuelva a colocar en el centro a las federaciones, los clubes, las ligas, los jugadores y los aficionados.
La acusación no cuestiona solamente el destino del dinero, sino también la forma en la que Infantino intentó avanzar con el proyecto. Reuters informó que la Confederación Asiática de Fútbol y Concacaf conocieron detalles relevantes de la operación a través de los medios, sin haber participado previamente de una consulta formal. Las federaciones de Inglaterra y Francia también manifestaron preocupación por la falta de información sobre los inversores, la estructura jurídica y el poder que podrían adquirir los futuros accionistas.
La primera reacción de UEFA ya había marcado una línea difícil de revertir. El organismo presidido por Aleksander Ceferin advirtió que el alma y la gobernanza del fútbol no pueden tratarse como simples activos financieros y cerró su mensaje con una definición que resume el conflicto: “Ninguno de nosotros es dueño del fútbol. No le corresponde a la FIFA venderlo”.
Joshua Kushner, el inversor que conecta el negocio con Donald Trump
El nombre que aparece detrás de la posible entrada de capital privado es Joshua Kushner, fundador de Thrive Capital y de su vehículo de inversión a largo plazo, Thrive Eternal. Su firma encabezaría el grupo interesado en comprar una participación minoritaria de FIFA Forward Enterprise, la nueva sociedad que concentraría los derechos comerciales, audiovisuales, publicitarios y de venta de entradas de los principales torneos organizados por FIFA.
Joshua Kushner no forma parte del Gobierno estadounidense ni administra un fondo perteneciente a Donald Trump. La conexión es familiar: es hermano de Jared Kushner, esposo de Ivanka Trump y, por lo tanto, yerno del presidente de Estados Unidos. Esa relación colocó bajo todavía más sospechas una operación impulsada por Infantino después de años de acercamiento público con la familia Trump.
La cercanía política no demuestra por sí sola que Trump controle o se beneficie del acuerdo, pero vuelve inevitable la pregunta sobre los posibles conflictos de intereses. El Mundial 2026 profundizó la relación entre el mandatario estadounidense e Infantino y, apenas días después de la final, un fondo dirigido por el hermano de su yerno quedó situado como posible socio principal del mayor negocio comercial de FIFA.
Allí aparece el temor que atraviesa la ofensiva de UEFA: una vez que inversores privados desembolsen miles de millones, su prioridad será obtener rentabilidad. Eso puede traducirse en más partidos, nuevas competencias, entradas más caras y una explotación todavía mayor del calendario, mientras las decisiones que antes pertenecían únicamente a las instituciones del fútbol comienzan a estar condicionadas por accionistas externos.
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