Ahí está el punto que hizo estallar el malestar. Los vendedores no solo ven una rebaja de unos €450 millones a €220 millones, sino una maniobra que desplaza el dinero desde la compra de sus acciones hacia una inyección directa en el club. Para el Sevilla, esa ampliación es necesaria; para los accionistas, en cambio, la fórmula implica cobrar mucho menos por sus paquetes y quedar expuestos a una dilución si no acompañan futuras ampliaciones.
Por eso la nueva oferta se interpreta como un cambio de reglas en el tramo final. Ramos podría presentarlo como una forma de priorizar la salud financiera del Sevilla antes que el pago a los accionistas, pero los vendedores lo leen de otra manera: entrar con menos compra, usar la ampliación para ganar mayoría y tomar el mando desde dentro sin pagar el precio que ya se había negociado.
La exclusividad se agota y la operación puede caerse
Hace apenas quince días, la historia parecía ir en sentido contrario. Urgente24 había contado que la operación estaba encaminada tras la due diligence de KPMG, con Five Eleven Capital cerca de quedarse con el control del Sevilla y Sergio Ramos como rostro visible de una compra que podía cambiar el futuro institucional del club. El escenario era delicado, pero la sensación era que solo faltaba la firma.
Ahora, la foto es completamente distinta. El período de exclusividad vence a finales de mayo y el grupo comprador llega al tramo final con una propuesta que los vendedores interpretan como una rebaja drástica de las condiciones pactadas. Según contaron en El Chiringuito, el malestar sería tal que los accionistas ni siquiera tendrían previsto responderle a Ramos, al considerar que la nueva oferta rompe con lo acordado y supone una falta de respeto.
El problema es que la venta dependía de varios paquetes accionarios que ya estaban alineados. José María del Nido Benavente tenía un acuerdo con Alberto Pérez-Solano, cabeza visible de los accionistas que conforman el actual consejo de administración, por lo que no existe una solución sencilla si Ramos y Martin Ink no compran a todos. Nadie quiere vender solo una parte de sus acciones sabiendo que una ampliación de capital posterior podría diluir su peso dentro del club.
También hay una lectura de timing. Durante semanas, el Sevilla convivió con una situación deportiva límite, con la permanencia todavía sin resolver y una crisis económica que apretaba por detrás. En ese contexto, no es descabellado pensar que el grupo comprador esperaba encontrar un club todavía más debilitado para renegociar desde una posición de fuerza. Pero la salvación cambió parte del clima: el Sevilla sigue necesitando dinero, aunque ya no negocia con la amenaza inmediata del descenso sobre la mesa.
Por eso el nuevo planteo puede terminar jugando en contra de Ramos. Si la intención era aprovechar el reloj, la urgencia financiera y el desgaste interno para bajar el precio, la respuesta de los vendedores muestra que el límite también existe. Lo que hace dos semanas parecía una compra casi cerrada hoy vuelve a estar en el aire, con una diferencia clave. Ahora, el tiempo que podía ordenar la operación empieza a convertirse en su principal enemigo.
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