Un juego de ajedrez
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Real Madrid y Bayern Munich casi no se sacaron diferencias en gran parte del partido
El encuentro se dio de manera exactamente inversa con respecto a lo que había sido el duelo de ida (habían finalizado 2 a 2). El equipo de Carlo Ancelotti sorprendió con una actitud mucho menos pasiva que la que suele tener en este torneo, y salió a presionar alto a un Bayern Munich que, por el contrario, decidió agazaparse y esperar a contragolpear al local.
El conjunto alemán ya había aprendido del encuentro en Alemania, y durante todo el primer tiempo el central holandés De Ligt pudo contener a Vinicius. Desde la base, un Toni Kroos manejaba los hilos de la orquesta, con una calidad de pase capaz de romper cualquier presión del Munich y de mover al rival para ir encontrando los espacios.
Sin embargo, el visitante se agrupaba bien en un bloque medio y le cerraba todos los caminos por el centro de la cancha. Aun así, a la hora de atacar, no terminaba de estar del todo lúcido. Sané careció de eficiencia, Musiala no aparecía ahí donde siempre aparece, Kane no se asociaba para comandar la ofensiva de los bávaros.
Así se fue un primer tiempo que terminó con algún bostezo, producto de la capacidad de ambos para anularse de manera efectiva.
A los 88´y los 91´, Real Madrid marcó doblete y superó al Bayern Munich
El segundo tiempo comenzó igual, pero poco a poco empezaron a llegar las jugadas gravitantes. El Madrid empezó a envalentonarse. Arengaba a la hinchada. No hubo una jugada particular comenzara a modificar el pasaje del encuentro. Fue más bien un termómetro emocional que subió la temperatura de un Merengue que, en comunión con el público, empezaba a sentir que podía.
Sin embargo, el Bayern Munich sacó chapa y dijo que era su momento. Alphonso Davis, que había ingresado en el primer tiempo por Gnabry a causa de una lesión, tomó la pelota desde afuera del área y, a los 68 minutos, abrió el marcador.
Se moría el partido. Los alemanes, poco a poco se sentían adentro de la final. El problema era que, del otro lado, el Real Madrid no se sentía afuera tampoco. Y en ese momento echó al verde césped toda su mística. Toda su historia. Toda su capacidad de convivir con escenarios adversos y tener la templanza y la valentía para imponerse en ellos.
Manuel Neuer tuvo un gran partido. Era la figura de un Munich que seguía ganando solo porque Neuer custodiaba sus tres palos. Pero, así de injusto es el fútbol, a los 88 minutos da un rebote tras un disparo de afuera del área que le queda a un Joselu que había ingresado hace poco. 1 a 1.
Y el Madrid ya había olido sangre. Aprovechó el miedo y las dudas de un rival golpeado y lo metió en su arco. Solo dos minutos después, a los 91´, un centro de Rudiger volvió a ser capitalizado por un Joselu arropado con la capa de héroe. 2 a 1.
Sobre el final, una polémica jugada sucedió en lo que podría haber sido el empate del Bayern Munich. El árbitro del partido cobró un offside por impacto. ¿Estuvo bien cobrado?
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