El último Mundial también dejó una paradoja difícil de ignorar: los tres técnicos mejor pagados, Ancelotti, Nagelsmann y Pochettino, quedaron eliminados antes de los cuartos de final, mientras que la final enfrentó a dos entrenadores ubicados fuera de los diez primeros puestos del ranking salarial. Las cifras son estimaciones periodísticas y no contratos divulgados oficialmente, pero alcanzan para dimensionar el escenario: Guardiola no estaría pidiendo convertirse simplemente en el seleccionador mejor remunerado, sino en una categoría económica propia.
Pep Guardiola junto a Enzo Maresca, su mano derecha en los últimos años y nuevo entrenador del Manchester City. Si acepta la propuesta de Italia, el catalán ya no lo tendrá en su cuerpo técnico.
FOTO: LINDSEY PARNABY / AFP
Italia intenta reconstruirse después de un derrumbe total
La búsqueda de Guardiola se entiende mejor al mirar el terremoto que dejó la eliminación del Mundial 2026. La derrota por penales ante Bosnia en el repechaje confirmó que Italia se quedaba afuera de su tercera Copa del Mundo consecutiva y provocó una cadena de salidas que desarmó buena parte de la estructura que conducía a la Azzurra.
El primero en renunciar fue Gabriele Gravina, entonces presidente de la Federación Italiana de Fútbol. También se marchó Gianluigi Buffon, quien ejercía como jefe de delegación y funcionaba como nexo entre los futbolistas, el cuerpo técnico y la dirigencia. El exarquero había respaldado la llegada de Gennaro Gattuso y ya había advertido que se apartaría si Italia no conseguía clasificarse.
La caída terminó llevándose también a Gattuso, quien dejó el cargo pocos días después de la eliminación. Italia se quedó así sin entrenador, sin presidente federativo y sin uno de sus principales referentes institucionales, mientras el fracaso deportivo volvía a abrir el debate sobre la formación de juveniles, la falta de protagonismo de los futbolistas italianos y el deterioro general de una potencia que no disputa un Mundial desde 2014.
La reconstrucción quedó en manos de Giovanni Malagò, sucesor de Gravina al frente de la FIGC. Una de sus primeras decisiones fue incorporar a Paolo Maldini como responsable del área técnica de la Federación y presidente del Club Italia, el organismo encargado de supervisar el proyecto de todas las selecciones nacionales. No será el entrenador de la Azzurra: su función es diseñar la estructura deportiva y participar en la elección del próximo seleccionador, acompañado por Leonardo como asesor.
Por eso Guardiola representa mucho más que un nombre prestigioso para el banco. Maldini y Leonardo lo ven como el entrenador capaz de ordenar el proyecto, recuperar una identidad competitiva y devolverle dimensión internacional a una selección golpeada. El inconveniente es que la revolución soñada por Italia puede costar el doble de todo el presupuesto reservado para llevarla adelante.
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