El movimiento de mayor profundidad, sin embargo, ocurrió fuera del mercado de pases. En agosto, Fenway Sports Group anunció la venta de una participación minoritaria a 1892 Holdings, un consorcio encabezado por Amit Bhatia y del que participa K5 Sports, fondo que cuenta con Jeff Bezos como principal inversor. Según la prensa británica, el grupo adquirió alrededor del 38% por algo más de 2.000 millones de libras y obtuvo prioridad para avanzar sobre el control mayoritario si FSG decide desprenderse del club durante los próximos doce meses.
Anfield generó 116 millones de libras por jornadas de partido durante el último ejercicio, mientras Liverpool expande su negocio mucho más allá de las gradas.
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Por ahora, el propietario estadounidense conserva el mando y Amazon no participa directamente de la operación. Tampoco corresponde sumar todas esas cifras como si fueran una única caja destinada a fichajes: el contrato de camiseta se cobrará durante cinco años y la venta accionaria no se transforma automáticamente en presupuesto deportivo. Pero los tres movimientos, considerados en conjunto, revelan una dirección inequívoca. Liverpool está ampliando su músculo financiero mientras reconstruye el plantel y prepara una posible transformación de su estructura de poder.
Un gigante que facturó 703 millones y apenas ganó 8
Ahora bien, semejante músculo financiero no significa que las cuentas permitan gastar sin límites. La necesidad de continuar ampliando los ingresos aparece con claridad en los últimos resultados publicados por Liverpool. La institución alcanzó una facturación récord de 703 millones de libras, 89 millones más que en el ejercicio anterior, y terminó como el club inglés mejor ubicado en la clasificación económica de Deloitte. Aun así, cerró el año con un beneficio después de impuestos de apenas 8 millones.
Esa enorme distancia entre lo facturado y lo finalmente ganado refleja el precio de mantenerse en la primera línea europea. Los gastos administrativos alcanzaron los 657 millones de libras y, dentro de esa estructura, la masa salarial trepó hasta los 428 millones. En otras palabras, el crecimiento de los recursos avanzó acompañado por una estructura cada vez más costosa, alimentada por los contratos del plantel, el funcionamiento cotidiano y las inversiones necesarias para competir por todos los títulos.
You’ll Never Walk Alone, el lema que identifica a Liverpool, resume una pertenencia global que el club también convirtió en uno de sus activos comerciales más valiosos.
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De ahí que la camiseta haya dejado de ser únicamente una vidriera para convertirse en una pieza central del equilibrio económico. El área comercial ya aportó 323 millones de libras y superó tanto a los derechos televisivos como a la recaudación generada en Anfield. A diferencia de esas fuentes, sujetas al rendimiento deportivo o a la capacidad limitada del estadio, los patrocinios ofrecen un flujo estable y previsible durante varias temporadas.
Además, la ofensiva todavía no terminó. Liverpool ya recuperó su vínculo técnico con Adidas y deberá negociar próximamente el futuro del espacio que Expedia ocupa en la manga. Si también consigue elevar el valor de ese activo, habrá construido una arquitectura comercial capaz de sostener su transformación sin depositar toda la presión sobre las ventas de jugadores, los resultados deportivos o los aportes de sus propietarios. Así, el récord firmado con Turkish Airlines dejará de ser un golpe aislado para convertirse en la piedra principal de un modelo diseñado para facturar tanto como exige competir.
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