Los órganos judiciales de FIFA son independientes. Operan de manera autónoma, aplican el Código Disciplinario y deciden según las normas vigentes Los órganos judiciales de FIFA son independientes. Operan de manera autónoma, aplican el Código Disciplinario y deciden según las normas vigentes
Esa fue la base de su defensa. Infantino intentó presentar la resolución como el resultado de un procedimiento técnico, autónomo y protegido de cualquier presión externa. En los papeles, el argumento busca blindar al organismo: el presidente no interviene, el comité decide y FIFA respeta su propio sistema. Pero en medio del caso Balogun, esa explicación también suena a pase de pelota.
El punto más delicado llegó cuando Infantino habló de su relación con las decisiones del Comité Disciplinario. En lugar de respaldar sin fisuras el fallo que habilitó al delantero estadounidense, admitió que muchas veces lee esas resoluciones desde afuera, casi como un observador más.
A veces me sorprenden. A veces estoy de acuerdo y a veces no A veces me sorprenden. A veces estoy de acuerdo y a veces no
Esa frase golpea la credibilidad de FIFA más que cualquier intento de aclaración. Si el propio presidente del organismo reconoce que puede sorprenderse o discrepar con decisiones de su Comité Disciplinario, la habilitación del nueve de USA queda todavía más expuesta. Infantino buscó defender la autonomía interna, pero terminó reforzando la idea de que la conducción de FIFA puede tomar distancia de un fallo que cambió el escenario competitivo del Mundial 2026.
Por eso el comunicado no cierra la polémica. Al contrario, la deja más abierta. Infantino intenta despegarse del fallo, el Comité Disciplinario queda como responsable directo y FIFA aparece atrapada en una contradicción difícil de explicar: invoca la independencia de sus órganos justo cuando una decisión de esos mismos órganos puso en duda la integridad del torneo.
La llamada de Trump que volvió más incómoda la defensa de Infantino
El resto del comunicado llevó el caso a una zona todavía más sensible. Después de refugiarse en la independencia del Comité Disciplinario, Gianni admitió que recibió una llamada de Donald Trump por el caso Balogun, aunque intentó presentarla como parte de una rutina normal dentro de la organización del torneo.
Sí, hablo regularmente sobre asuntos relacionados con la Copa del Mundo con el presidente de Estados Unidos y, sobre este tema, recibí una llamada del presidente Donald Trump Sí, hablo regularmente sobre asuntos relacionados con la Copa del Mundo con el presidente de Estados Unidos y, sobre este tema, recibí una llamada del presidente Donald Trump
La frase es fuerte porque confirma lo que FIFA necesitaba desactivar. Infantino explicó que también recibe llamadas de jefes de Estado, funcionarios, dirigentes del fútbol y empresarios de todo el mundo por distintos asuntos, pero en este caso el contexto pesa más que la formalidad. No se trataba de una consulta general sobre el torneo, sino de una conversación vinculada a la suspensión de un jugador de Estados Unidos, justo antes de un partido decisivo.
Según el propio Infantino, durante ese intercambio le aclaró a Trump que había un proceso legal en marcha dentro de los órganos judiciales independientes de FIFA y que la decisión sería tomada “en su debido momento” por las autoridades competentes. La intención del mensaje era separar el llamado político del fallo disciplinario, pero el resultado fue ambiguo: cuanto más intenta explicar que no hubo influencia, más visible queda que el caso llegó hasta la Casa Blanca.
Gianni Infantino junto a Donald Trump en la Casa Blanca, durante una de las reuniones previas al Mundial 2026. El vínculo político volvió a quedar bajo la lupa tras el caso Balogun.
FOTO: NA
Ahí se rompe la defensa. Si el presidente de Estados Unidos llama por la situación de un futbolista de su selección y, después, FIFA termina suspendiendo la sanción, la decisión queda inevitablemente contaminada por la sospecha. No hace falta probar una orden directa para que el golpe reputacional exista. En un Mundial donde Estados Unidos no solo compite, sino que también es anfitrión y socio central del negocio, la coincidencia alcanza para dañar la credibilidad del proceso.
Por eso la aclaración de Infantino no terminó de proteger a FIFA. Al admitir la llamada de Trump, el presidente del organismo confirmó que el caso llegó hasta la Casa Blanca antes de una decisión que favoreció a un jugador estadounidense. Y en un Mundial 2026 ya atravesado por tensiones políticas, controles migratorios de ICE en Estados Unidos, debates por el calor extremo, parates de hidratación, un formato más largo y el desgaste que sufrió Irán durante el torneo, la habilitación de Balogun quedó como otra señal incómoda: cada fallo de FIFA parece leerse menos desde el reglamento y más desde el poder que lo rodea.
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