FIFA sanciona a España por los cánticos islamófobos contra Egipto

La RFEF deberá pagar 20.000 dólares y restringir el 15% del aforo en el próximo amistoso como local por los cánticos del partido de marzo.

Los cánticos islamófobos del amistoso contra Egipto terminaron en una sanción para España. FIFA castigó a la Federación con una multa y una restricción de público que llevará las consecuencias de aquel episodio al próximo amistoso como local. La resolución devuelve al centro del debate la discriminación en las gradas y la responsabilidad de quienes organizan los encuentros.

Los hechos ocurrieron el 31 de marzo en el RCDE Stadium, durante uno de los partidos de preparación de la selección española para el Mundial. Una parte de los asistentes coreó “musulmán el que no bote”, mientras el himno egipcio también recibió silbidos antes del comienzo. El encuentro terminó sin goles, pero la controversia continuó fuera del campo y motivó la apertura de un expediente disciplinario de FIFA el 7 de abril. La RFEF (Real Federación Española de Fútbol) había reaccionado con avisos por megafonía y mensajes en los videomarcadores contra los comportamientos discriminatorios, unas actuaciones que no evitaron que el organismo investigara la responsabilidad de la entidad por la conducta de sus aficionados.

Ahora, la decisión contempla 20.000 dólares de multa y el cierre de al menos el 15% del aforo en el próximo amistoso de España en casa, según la información publicada este viernes por Reuters y Associated Press. El castigo incluye una alternativa para ese sector de la grada, que podría recibir a colectivos específicos bajo las condiciones fijadas por FIFA. La resolución obliga así a trasladar la respuesta contra la discriminación a la organización del siguiente encuentro, con consecuencias sobre la distribución de las localidades y el público que podrá ocuparlas.

Lamine Yamal puso a su propia afición frente al espejo

La repercusión de los cánticos desbordó el enfrentamiento entre dos selecciones porque la religión utilizada como burla también forma parte de la sociedad española y de su propio vestuario. Las expresiones dirigidas contra los egipcios alcanzaban a quienes comparten esa fe, incluidos aficionados que podían estar alentando a España en el mismo estadio. La Unión de Comunidades Islámicas de Cataluña expresó su indignación y reclamó medidas para prevenir y sancionar estas conductas. La reacción situó el episodio en un terreno más amplio que el de la rivalidad deportiva, al cuestionar que la identidad religiosa pudiera convertirse en una herramienta para humillar al adversario.

La respuesta más contundente desde dentro del equipo llegó al día siguiente. Lamine Yamal recordó públicamente que es musulmán y explicó que, aunque entendía que los cánticos iban dirigidos al rival, también le resultaban ofensivos. El delantero había estado sobre el césped cuando comenzaron a escucharse y respondió mediante una publicación en Instagram. “Usar una religión como burla en un campo os deja como personas ignorantes y racistas”, escribió. Su mensaje distinguió a los responsables del resto de la afición y agradeció a quienes habían acudido a apoyar al equipo. El reproche apuntaba a una conducta concreta, sin extender la acusación a todos los asistentes.

La intervención del futbolista expuso una contradicción difícil de esquivar para quienes participaron de los gritos. Se puede celebrar a un jugador por lo que aporta a España y, al mismo tiempo, utilizar sus creencias para despreciar a otros. Ese es el límite que señaló Lamine al rechazar que el destinatario del cántico sirviera como excusa. Que la burla estuviera dirigida a Egipto no eliminaba su contenido ni la convertía en una expresión ajena a los musulmanes españoles. Su respuesta obligó a mirar lo ocurrido desde el lugar de quienes escucharon su religión utilizada como insulto mientras defendían o alentaban la misma camiseta.

El episodio también tuvo recorrido diplomático. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, trasladó a su homólogo egipcio, Badr Abdelaty, su condena y defendió que aquellos comportamientos no representaban al conjunto de la sociedad española ni los valores del deporte. La sanción conocida ahora da continuidad disciplinaria a una controversia que ya había exigido respuestas deportivas, sociales e institucionales. Para la Federación, el siguiente paso será cumplir el castigo y explicar cómo evitará que una nueva convocatoria de la selección reproduzca las conductas que uno de sus propios futbolistas tuvo que salir a denunciar.

Las sanciones ya alcanzan al bolsillo y a las tribunas

El castigo a la Federación se inscribe en un endurecimiento de las herramientas con las que FIFA pretende combatir la discriminación. En mayo de 2024, sus 211 federaciones aprobaron una estrategia global que combina sanciones, educación y mecanismos para actuar durante los encuentros. La reforma disciplinaria de 2025 incorporó el procedimiento de tres pasos para detener, suspender y, si persisten los abusos, abandonar un partido. Es una evolución normativa concreta, aunque su eficacia depende de cómo se aplique en cada estadio. Tener protocolos más exigentes no garantiza que los incidentes desaparezcan ni que la respuesta llegue siempre a tiempo.

Argentina ofrece un antecedente reciente de las consecuencias para una federación. El 21 de agosto, FIFA anunció multas por un total de 321.000 dólares a la AFA por distintas infracciones durante el Mundial, entre ellas los cánticos y gestos discriminatorios de sus aficionados. Por esa conducta también ordenó disputar los siguientes dos partidos como local con el aforo limitado al 50%, aunque dejó en suspenso uno de esos encuentros y parte de la multa. Además, dispuso que 100.000 dólares se destinaran a un plan contra la discriminación. La resolución combinó así una penalización económica, restricciones de público y una obligación de prevención.

Durante ese mismo torneo, FIFA investigó los insultos racistas que recibió el creador de contenido IShowSpeed durante el Argentina-Cabo Verde, un episodio registrado mientras transmitía en directo. Conviene distinguir ambos hechos. La sanción anunciada contra la AFA abarcó distintas infracciones y el comunicado general no atribuyó todo el castigo a lo ocurrido con el estadounidense. Tampoco supuso excluir a la selección de las competiciones. El caso de Speed mostró, además, cómo una agresión desde la tribuna puede quedar documentada y alcanzar repercusión internacional sin depender de las imágenes de la transmisión oficial.

El elemento común es que las consecuencias dejan de recaer únicamente sobre quien profiere el insulto y alcanzan también a la organización y al resto del público. Una restricción de aforo reduce localidades disponibles, altera la organización del siguiente encuentro y obliga a la federación a responder por la conducta de una parte de sus seguidores. Ahí reside la presión que introduce este tipo de castigos. La condena pública debe acompañarse de medidas capaces de prevenir nuevos episodios, mientras los aficionados comprueban que un cántico puede tener efectos mucho después del pitido final.

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