Lo que sucede con Bragantino es un ejemplo visible de una buena relación entre capitales privados y un club de fútbol. A cualquier hincha le gustaría que su equipo tenga un centro de entrenamiento como el que tiene el Red Bull Bragantino. Por eso, resulta una caja de resonancia en función de lo que sucede actualmente en Argentina, en la que se discute abiertamente sobre la inclusión de Sociedades Anónimas Deportivas, a partir del intento del presidente Javier Milei de hacerlo con la Ley Ómnibus enviada al Congreso a principios de año.
Por supuesto, las SAD tienen también su contracara y su caramelo negro. Muchos casos han existido de clubes que estuvieron al borde de la quiebra o que tuvieron que ser salvados por sus propios hinchas para que no desaparecieran luego de malas gestiones de empresas privadas. Lo cierto es que, mientras tanto, en Brasil eso parece una discusión saldada, ya que el fútbol de ese país cuenta con 7 Sociedades Anónimas Deportivas.