La rápida intervención no evitó el castigo europeo. La UEFA multó al conjunto blanco con 15.000 euros y ordenó el cierre de 500 localidades contiguas de la tribuna sur inferior durante su siguiente partido continental como local. La clausura quedó suspendida por un año, pero podría hacerse efectiva si el organismo considera que existe una nueva infracción racista o discriminatoria durante ese período.
El video más reciente fue grabado fuera del estadio y esa diferencia resulta determinante: no activa automáticamente la sanción ni permite responsabilizar directamente a la entidad. Cualquier consecuencia dependerá de que la UEFA abra un procedimiento, determine quiénes participaron y establezca su vinculación con la afición local. Aun así, el antecedente convierte el silencio en una decisión delicada. El Madrid puede discutir el alcance disciplinario de lo sucedido sucedido en la calle, pero difícilmente pueda ignorar otra manifestación de odio surgida alrededor de una noche de Champions.
Un grupo identificado en redes como Ultras Sur quema una bandera de Marruecos y otra con la imagen de Pedro Sánchez durante la protesta por Ceuta.
FOTO: RECORTE
De las marchas ultras al fútbol: un mismo repertorio de odio
La consigna contra los musulmanes escuchada junto al Bernabéu ya circulaba mucho antes de la crisis de Ceuta. En mayo de 2025 fue coreada durante una marcha de Falange Española por el centro de Madrid, convocada bajo el lema de la “remigración” y atravesada por símbolos fascistas. Apenas dos meses después reapareció frente al centro de acogida de Alcalá de Henares, en una concentración no autorizada que terminó con una persona detenida y otras 58 identificadas. Su regreso alrededor de un partido demuestra que no nació como una reacción espontánea ante el conflicto fronterizo, sino que forma parte de un repertorio ideológico anterior.
Ese traslado desde las movilizaciones políticas hasta las inmediaciones de un estadio tiene una historia especialmente visible en Europa. Aunque no todos los ultras responden a la misma orientación y también existen grupos antifascistas, una parte de las hinchadas radicales incorporó el nacionalismo extremo, la xenofobia y la simbología nazi como señales de pertenencia. La diferencia con las barras sudamericanas no reside en una mayor o menor violencia, sino en su forma de organización: mientras aquellas suelen disputar negocios, territorio e influencia dentro de los clubes, numerosos colectivos europeos construyeron además una identidad política explícita.
El Real Madrid conoce de cerca ese fenómeno. Ultras Sur, activo desde 1980, acumuló durante décadas episodios violentos y actos de apología del nazismo hasta que Florentino Pérez comenzó a desmontar su estructura dentro del estadio en 2013. La dirigencia desactivó unos 250 pases y transformó el sector que controlaba en una nueva grada de animación. Nada permite vincular formalmente a los jóvenes del video actual con aquella organización, pero su expulsión del recinto tampoco significó que las ideas asociadas a esos movimientos desaparecieran de las calles cercanas.
La amenaza contra los judíos termina de desnudar ese trasfondo. No existe ninguna relación entre la comunidad judía, la inmigración procedente de Marruecos y la situación que atraviesa Ceuta. Su aparición en el mismo cántico revela que la reivindicación territorial funcionó como vehículo para algo mucho más amplio: una visión excluyente que divide entre quienes tendrían derecho a formar parte de España y quienes deberían ser expulsados o agredidos. El fútbol no creó ese odio, pero su capacidad para reunir multitudes volvió a ofrecerle un escenario y un altavoz.
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