El papelón en Vancouver que desencadenó el abismo
Para comprender la magnitud de esta traición institucional, es necesario remontarse al último Congreso de la FIFA celebrado en Vancouver, donde Infantino pretendió encabezar una maniobra diplomática que terminó en un verdadero papelón internacional.
En aquel evento, el presidente de la FIFA buscó montar una puesta en escena para mostrar la conciliación entre las partes en conflicto y forzó un encuentro en el escenario entre las delegaciones.
Sin embargo, la jugada le salió pésimo. El presidente de la Federación Palestina de Fútbol, Jibril Rajoub, rechazó públicamente y de forma categórica darle la mano al representante israelí.
Aquel tenso desplante dejó en evidencia no solo las profundas heridas políticas e irreconciliables entre ambas naciones, sino también la absoluta incapacidad de la gestión de Infantino para mediar sin provocar un estallido mayor.
El intento fallido de posicionarse como un componedor neutral terminó costándole caro a la FIFA: lejos de pacificar el ambiente, dejó descontentas a ambas partes. Israel sintió que los esfuerzos y la postura asumida por Infantino no hicieron más que exponerlos públicamente a una humillación ante las cámaras del mundo.
Un tablero en llamas y el aislamiento del mandatario
Pese a la contundencia de la ruptura, desde la federación israelí expresaron una lejana esperanza de que el diálogo entre las distintas confederaciones permita reconstruir una hoja de ruta común.
No obstante, en la práctica el impacto político es brutal: la retirada del apoyo israelí consolida una creciente ola de rechazo dentro del bloque de la UEFA, restándole un sostén diplomático clave a Infantino en un momento donde la estabilidad política de la FIFA pende de un hilo.
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