Vida después de la masacre: Junior tuvo un hijo, pero sigue en tratamiento
Juniors, un chico apático, inexpresivo e hijo de un prefecto naval, habría seguido disparando aquel septiembre del 2004 si el cargador no se le hubiera trabado, cuentan los sobrevivientes.
Pero aprovechando el momento, su compañero y amigo, Dante Peña, en un acto heroico, se abalanzó, lo tiró y le sacó el arma. Lo increpó y se cruzó en palabras con quien hasta ese momento era su amigo. Dante lo entregó a la policía, que había acordonado las afueras del colegio frente a los reportes de las primeras detonaciones, mientars compañeros de otras aulas salían corriendo del establecimiento para pedir ayuda.
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Rafael Juniors Solich, de 35 años, es visto saliendo de una clínica neuropsiquiátrica.
Debido a que era menor edad, Juniors no enfrentó cargos penales y fue declarado inimputable. Después del hecho, estuvo internado en un instituto para menores: El Dique, de Ensenada. Luego fue trasladado a una clínica psiquiátrica, ya que se le diagnosticaron problemas mentales / psiquiátricos. Nunca terminó la secundaria.
Actualmente, a los 35 años, permanece bajo tratamiento en una clínica neuropsiquiátrica en La Plata. Suele tener salidas transitorias, tuvo un hijo (fruto de una relación que mantuvo durante una de las internaciones) y no ha logrado conseguir trabajo formal.
En cuanto a las víctimas, en 2023, Marisa Santa Cruz, la madre de Federico Ponce, logró que la Dirección de Escuelas de Buenos Aires y el Estado nacional pagaran el daño moral y psíquico por el crimen de su hijo.
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Los padres y hermanos de Federico Ponce, durante una entrevista con Clarín en 2019.
"Mi hijo no tiene un precio y nunca lo va tener. Pero queríamos demostrar que hubo responsables por lo que pasó, aun teniendo que esperar más de 18 años", explica a Clarín desde su casa en Carmen de Patagones.
“Querían instalar que había reaccionado porque le hacían bullying, mandaron a pintar los agujeros de las balas, les lavaban la cabeza a los chicos diciéndoles que ya había pasado. Querían tapar todo. Pero luego abrieron los sumarios administrativos, me informaban lo que iba pasando y eso me dejaba cierta tranquilidad", comenta la mujer.
Lo cierto es que, haya habido bullying o no, Juniors, el asesino de su hijo, no mostró signos de arrepentimiento de su acto cobarde, según los especialistas que lo trataron, citadas por Clarín, La Nación y La Brújula 24.
“Lo cargaban, le decían que era rockero o hippie. A veces le decían «Pantriste»”, dijo Belén, una compañera, a La Nación.
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