El trabajo de investigación de Reato es notable. La reconstrucción de los acontecimientos es completa. Inclusive su búsqueda de información acerca de si Horacio Verbitsky estuvo o no en la planificación del atentado.
Montoneros creía en la violencia como herramienta para alcanzar el poder. Nunca comprendió la política o, probablemente, ni siquiera le interesó. ¿Comprendían sus integrantes el costo que aceptaban pagar con su provocación a los profesionales de la violencia: militares y policías?
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Ceferino Reato presenta 'Masacre en el Comedor'.
Rodolfo Walsh
Es cierto que muchos años después y con costos enormes, Montoneros y sus herederos han logrado que mueran en la cárcel muchos de sus victimarios, venganza obtenida gracias a una red de organizaciones no gubernamentales y algunos políticos como los Kirchner. También es cierto que han logrado que gran parte de la sociedad incorpore, con la complicidad de muchos periodistas e historiadores, un relato (falso) acerca de la tragedia que ellos coprotagonizaron. Pero también es verdad que ellos no consiguieron el poder. Y que nunca lo lograrán. Lo más cerca que estuvieron del poder fue con los Kirchner y ahora con el declinante Alberto Fernández.
Sin embargo, en ninguno de los 4 mandatos presidenciales, pudieron avanzar en el desarrollo de aquella refundación institucional que fue su ideario. Los resultados han sido tan negativos que no pueden impedir que la sociedad inicia un regreso a la centroderecha o derecha.
Reato, luego de su descripción meticulosa, avanza sobre la manipulación de los derechos humanos que han realizado Montoneros y sus descendientes, intentando apropiarse de valores éticos y morales universales sólo para utilizarlos como vulgares armas de combate, no porque existiera una decisión de rescate de la esencia de la Humanidad.
Es cierto que Montoneros y sus descendientes demostraron eficacia en la guerra cultural o de inteligencia, que les permitió instalar en forma masiva una falsa condición de víctimas -en la que no creía la sociedad de 1976- pero también lo es que una victoria en la guerra cultural no resuelve todo, y es reversible a partir de acontecimientos tales como los que provoca la tarea de Reato.
El libro también propone una revisión sobre Rodolfo Walsh, para algunos un disidente de Montoneros porque le atribuyen reclamar, tardíamente, acción política en vez de mantener la acción armada. Falso, y Reato lo demuestra: Walsh lo que proponía era un repliegue o retirada estratégica y cambio de la metodología de la guerra para enfocarse más hacia la inteligencia y los atentados en vez del combate abierto.
Walsh no era un 'blando' o una 'paloma' sino que era un 'duro' pero creía conveniente o inteligente revisar la táctica, ya que la de Mendizábal, Raúl Yäger, 'el Roque'; y otros, provocaba demasiadas bajas propias. Walsh no planteaba abandonar la violencia sino replantearla. Walsh tenía varios rostros pero en esencia el era el jefe del área más 'competitiva' de una organización que ejercitaba la violencia. En la ESMA, según Reato, lo consideraban "un diamante".
Fracasados los indultos decididos por Carlos Menem, libros como los de Reato son indispensables para 'ajustar cuentas' en la guerra cultural antes de que se encuentre la forma de dar vuelta la página y dejar atrás tantas equivocaciones, estupideces y terror disfrazados de causas nobles.