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Antes de morir, Jacques de Molay maldijo al rey Felipe IV y al papa Clemente V, que habían conspirado contra él y toda la Orden. Los dos murieron poco después, y la descendencia del rey se extinguió con el tiempo.
La maldición pareció cumplirse cuando el papa Clemente V falleció de una grave enfermedad y, seguido de él, también cayó el rey Felipe IV al año siguiente de un derrame cerebral. Los hijos y nietos del rey tuvieron un destino similar, muriendo de manera violenta a lo largo de 14 años. La Dinastía de los Capetos, a la que pertenecía Felipe y que había gobernado Francia durante 300 años, dejaba de existir.
A pesar de su trágico final, la historia de Jacques de Molay fue reevaluada en tiempos modernos y la inocencia suya y de toda la Orden fue reconocida en las últimas décadas. En 2001 el Vaticano publicó un documento que absolvía a los Templarios de las acusaciones de herejía y, años más tarde, en 2007, el papa Benedicto XVI reconoció que la condena de los Templarios fue injusta y que Jacques de Molay fue una víctima de las intrigas políticas de su tiempo.
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