En Moscú, sus trabajos se publicaron recién en 1989, y como no hay profeta en su tierra, es en Nueva York donde hay una esquina que lo recuerda: Sergei Dovlatov Way.
Murió demasiado joven, en 1990. Antes dejó obras como 'Oficio', una tragicomedia autobiográfica, colección de situaciones grotescas, diálogos imprevisibles e individuos surrealistas en una realidad que contrasta con los dogmas inculcados por el régimen soviético.
En ese texto, 'Solos de Underwood', relata sus intentos fallidos de publicar su obra en la ex URSS y su progresivo dominio del arte de recibir el rechazo a sus manuscritos. Las cartas de rechazo editorial lo empujan a buscar refugio en el periodismo y el alcohol.
La 2da. parte de ese libro se titula 'El periódico invisible', y es su historia en Nueva York, en 1984 y 1985, ya instalado en Queens, el barrio rusófono de Forest Hills, y la creación de 'El nuevo americano', periódico para la comunidad de expatriados.
Dovlátov perteneció a una generación esperanzada ante ciertos signos de aperturismo, reformadores de la estética, cuestionadores del realismo socialista, amantes de las emociones genuinas, la ironía, el habla de la calle.
A los creadores más conflictivos se les invitaba a solicitar el visado de salida. Dovlátov, sin trabajo, perseguido, vetado y alcoholizado, fue uno de ellos.
Pero no le fue fácil:
Preparar la emigración es imposible. Imposible prepararse para un segundo nacimiento. Imposible prepararse para la vida de ultratumba. Solo queda resignarse. Preparar la emigración es imposible. Imposible prepararse para un segundo nacimiento. Imposible prepararse para la vida de ultratumba. Solo queda resignarse.
Dovlátov es un símbolo de quienes arriesgaron su libertad física en nombre de la libertad de expresión. Merece respeto más allá del placer de su lectura, que compartimos aquí: